Body

A. LOS EFECTOS DE LA APRECIACIÓN DE UNA CAUSA DE JUSTIFICACIÓN

Como ya vimos al tratar el tema de la relación entre la tipicidad y la antijuridicidad en la lección 8, se sigue aquí la concepción de que toda acción típica es antijurídica si no concurre una causa de justificación.

Si concurre una causa de justificación la conducta sigue siendo típica pero no es antijurídica, sino lícita;. conforme a Derecho. Las causas de justificación llevan implícito un precepto permisivo que interfiere las normas subyacentes a los tipos, dando lugar a que la realización de la conducta típica (en los delitos de acción) o la no realización de la conducta típica (en los delitos de omisión) sea lícita (CEREZO). La realización de la conducta justificada supone, como veremos, un valor que compensará el desvalor que comportaba la conducta típica. Por tanto, las causas de justificación compensan el desvalor del hecho haciendo que sea lícito a pesar de su tipicidad.

Al ser la conducta lícita, permitida, las causas de justificación excluyen no solo la responsabilidad penal, sino también la responsabilidad civil derivada de un acto ilícito, lo que no significa que en algunos supuestos no siga existiendo responsabilidad civil, pero esta no se deriva de un hecho ilícito, sino de otros principios que la hacen surgir, como la gestión de negocios ajenos o el enriquecimiento sin causa.

 Ej. 16.1: Así, para el caso de actuación en estado de necesidad justificante, el art. 118.1.3 CP dispone que no será responsable civil el autor sino: «las personas en cuyo favor se haya precavido el mal, en proporción al perjuicio que se les haya evitado».

Las causas de justificación eliminan también la posibilidad de imponer medidas de seguridad, ya que la comisión de un delito, en el sentido de conducta típica y antijurídica, es siempre un presupuesto para su imposición.

B. SISTEMÁTICA DE LA REGULACIÓN DE LAS CAUSAS DE JUSTIFICACIÓN

La mayoría de las causas de justificación previstas en nuestro Código penal están definidas en el catálogo de eximentes del artículo 20: la legítima defensa, el estado de necesidad cuando el mal causado es menor que el que se trata de evitar y el obrar en el cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo de un derecho, oficio o cargo.

Algunas otras se hallan sin embargo reguladas en la Parte Especial, pues afectan a un delito o grupos de delitos en particular. Es el caso de la exceptio veritatis en las injurias (art. 210 CP):

El acusado de injuria quedará exento de responsabilidad probando la verdad de las imputaciones cuando estas se dirijan contra funcionarios públicos sobre hechos concernientes al ejercicio de sus cargos o referidos a la comisión de infracciones administrativas.

O del consentimiento en las lesiones (art. 156 CP):

No obstante lo dispuesto en el articulo anterior, el consentimiento válida, libre, consciente y expresamente emitido exime de responsabilidad penal en los supuestos de trasplante de órganos efectuado con arreglo a lo dispuesto en la Ley, esterilizaciones y cirugía transexual realizadas por facultativo, salvo que el consentimiento se haya obtenido viciadamente, o mediante precio o recompensa, o el otorgante sea menor de edad o carezca absolutamente de aptitud para prestarlo; en cuyo caso no será válido el prestado por éstos ni por sus representantes legales.

La eficacia del consentimiento como causa de justificación presenta peculiaridades pues, además de estar expresamente prevista para algunos delitos, la doctrina le atribuye dicha eficacia justificante en otros delitos sin que la ley lo establezca expresamente, mientras que, por último, existen otros casos en los que el consentimiento excluye ya la tipicidad de la conducta, como se verá al estudiar esta eximente.

C. CLASIFICACIÓN DE LAS CAUSAS DE JUSTIFICACIÓN CONFORME A SU FUNDAMENTO Y CONFORME A SU ESTRUCTURA TÍPICA

La doctrina ha intentado clasificar las causas de justificación conforme a su fundamento, distinguiendo aquellas que se basarían en el principio de la ausencia de interés, como el consentimiento, de aquellas otras cuyo fundamento residiría en el principio del interés preponderante. Frente a esta distinción también hay autores que defienden que todas las causas de justificación se basan en un interés o valor preponderante (o en una ponderación de intereses o de valores). Por último otros defienden que el fundamento de las causas de justificación es mucho más complejo, ya que en él se entrecruzan diversos principios.

En realidad, cualquiera de estas posturas es defendible dependiendo de cómo se entienda la ponderación de intereses o valores.

 Ej. 16.2: Así, la legítima defensa no puede explicarse adecuadamente conforme al interés preponderante si solo consideramos como intereses en juego los bienes respectivamente lesionados o defendidos, pero la cosa cambia si se incluye entre los intereses a ponderar, junto con el bien jurídico defendido, la protección del ordenamiento jurídico. Ej. 16.3: Para explicar el fundamento del consentimiento como causa de justificación también sería posible acudir al criterio de la ponderación de intereses (y no al de la ausencia de interés), siendo aquí el interés o valor preponderante el de la libertad de la voluntad frente al del bien jurídico protegido.

Por todo lo dicho vamos a renunciar a un intento de sistematización de las causas de justificación en torno a su fundamento. Nos parece más importante que el estudiante aprenda el fundamento de cada una de ellas al estudiarlas en particular.

Sin embargo, sí resulta imprescindible para poder explicar después el funcionamiento de las causas de justificación hacer referencia a su clasificación conforme a su estructura típica.Como veremos a continuación, al igual que existen tipos de lo injusto a los que subyace un mandato (delitos de omisión) o una prohibición de actuar (delitos de acción), existen tipos de justificación, a los que subyace una autorización de actuar de determinada manera en ciertas circunstancias. Los tipos de las causas de justificación contienen, igual que los tipos de lo injusto, elementos objetivos y elementos subjetivos, y en atención a la congruencia entre las partes objetiva y subjetiva del tipo de justificación podemos distinguir:

  1. Tipos incongruentes

    En ellos la parte subjetiva del tipo de justificación excede a la parte objetiva, es decir, lo querido por el sujeto va más allá de lo que efectivamente tiene que realizar para que se aprecie la justificación.

    Aquí el tipo subjetivo de la causa de justificación, la finalidad justificante, ha quedado resaltado por el recorte del tipo objetivo, dando lugar de esta manera a causas de justificación de resultado cortado y mutiladas de varios actos. El legislador acude a esta estructura con el fin de adelantar los efectos justificantes a un momento anterior al de la producción del resultado valioso. La finalidad es promover la realización de la acción justificante, ya que la penalización que supondría no apreciar la eximente completa en caso de frustración del fin salvador podría desincentivar el emprendimiento de estas acciones de salvación.

     Ej. 16.4: La legítima defensa o el estado de necesidad justificante son tipos de justificación de resultado cortado. El tipo exige actuar para defender la persona o derechos propios o ajenos de una agresión ilegítima, en el primer caso, o para evitar un mal propio o ajeno mayor que el que se causa en el segundo.

    Pero el tipo objetivo no exige en ninguno de los dos la efectiva consecución de los resultados de salvación del bien o de evitación del mal cuya persecución sin embargo sí integra el tipo subjetivo.

     Ej. 16.5: Como ejemplo del ejercicio legítimo de un derecho podemos citar la detención de un delincuente por un particular, que puede realizarse en los casos previstos en el art. 490 de la LECrim, pero siempre, conforme al art. 496 de la misma ley, que la detención se realice con la intención de ponerle a disposición judicial. Estamos ante una causa de justificación mutilada de varios actos, pues la detención, para estar justificada, debe cometerse con la intención de realizar a continuación una segunda conducta: poner al sujeto a disposición judicial. Si se detiene al delincuente con otro fin, como cobrar un rescate, o castigarle uno mismo, ya no se dará la causa de justificación del ejercicio legítimo de un derecho. Sin embargo, la detención está justificada en el mismo momento en que se produce con tal fin y aunque después el sujeto no consiguiera realizar la segunda conducta, por ejemplo porque el delincuente lograra escapar antes. El tipo objetivo no comprende la efectiva realización de esa segunda conducta con cuya intención sin embargo debe ser realizada la primera.
     Delitos de resultado cortado: la parte subjetiva requiere la voluntad dirigida a la producción del resultado, sin embargo, la parte objetiva no necesita de que se produzca ese resultado para que se considere cometido el tipo (el delito). Aquellos en los que se tipifica una acción con la que el sujeto pretende alcanzar un resultado posterior, que el tipo no requiere que se llegue a realizar: Tortura para conseguir una confesión; falsificación de moneda para ponerla en distribución.
    Delitos mutilados de varios actos: aquí es al revés, sólo se exige un trozo, o varios, de la parte objetiva, pero la subjetiva debe incluir la voluntad de llegar a la lesión del bien jurídico. La tentativa inacabada y los actos preparatorios son estos tipos de delitos; con lo cual la causa de justificación se acorta, a diferencia de la anterior, hasta dónde se haya producido lo conseguido por el sujeto y que por diversas causas no se ha llegado a conseguir.
  2. Tipos congruentes

    La parte subjetiva abarca toda la parte objetiva del tipo y coincide con ella. El legislador utiliza esta estructura allí donde no quiere promover la realización de la conducta, sino que solo la tolera cuando da lugar a un resultado positivo.

     Ej. 16.6: El consentimiento como causa de justificación o la exceptio veritatis [es la facultad que se otorga al autor del delito de injurias para que pruebe la verdad de sus afirmaciones] en las injurias son causas de justificación de estructura típica congruente.

    En realidad, en ambos modelos el tipo subjetivo en su conjunto es el mismo, la voluntad de actuar, la finalidad justificante, lo que sucede es que en el primero una parte del mismo queda destacada por un recorte del tipo objetivo y en el segundo no.