Body

Como hemos anunciado, los tipos de las causas de justificación contienen, igual que los tipos de lo injusto, elementos objetivos y elementos subjetivos. Al tipo de la causa de justificación subyace una autorización de realizar determinada conducta. Los elementos objetivos del tipo, por lo general, definirán la situación en la que está permitido actuar y las características externas de la acción justificada.

Y de la misma manera que la finalidad (conciencia y voluntad) referida a la realización de los elementos objetivos del tipo constituye el dolo y es considerado un elemento subjetivo de lo injusto, la finalidad configuradora de la acción justificada, es decir, la conciencia y voluntad de realizar los elementos objetivos de la causa de justificación, configurará el elemento subjetivo de justificación. Dentro de este elemento subjetivo de justificación, en aquellas causas de justificación de resultado cortado y mutiladas de varios actos, que como hemos visto son la mayoría, podemos distinguir todavía la parte de la finalidad de actuar que es congruente con el tipo objetivo recortado, a la que llamaremos «dolo de justificación» y la finalidad que trasciende al tipo objetivo, que va más allá de este, referida al resultado valioso, a la que llamaremos «elemento subjetivo de justificación trascendente».

 Ej. 16.7: Así, por ejemplo, en el estado de necesidad justificante el elemento subjetivo comprende la conciencia y voluntad del sujeto de actuar para evitar un mal mayor propio o ajeno que el mismo no ha provocado intencionadamente, lo que incluye la conciencia de la situación de necesidad y la voluntad trascendente de evitar con su intervención el mal.
 Ej. 16.8: Y en la legítima defensa el elemento subjetivo comprende la conciencia y voluntad de obrar en defensa de la persona o derechos propios o ajenos frente a una agresión ilegítima mediante el uso de medios racionalmente necesarios para impedirla o repelerla, lo que incluye la conciencia de la existencia de una agresión ilegítima, de la necesidad de defensa, la conciencia y voluntad de elegir un medio racionalmente necesario para repelerla (quien sabe que se excede ya no se está defendiendo, sino atacando) y la voluntad trascendente (porque va más allá del tipo objetivo) de con ello librar al bien jurídico del ataque.

De la misma manera que durante años se negó la existencia de elementos subjetivos en lo injusto, también ha sido grande la oposición en la doctrina al reconocimiento de elementos subjetivos en la justificación. Muchas veces se negó todo elemento subjetivo, otras solo la existencia de estos elementos subjetivos trascendentes, por varios motivos. En ocasiones por confundirlos erróneamente con móviles (innecesarios en la justificación), con una intención directa de primer grado (lo que tampoco es correcto, por comprender el elemento subjetivo de justificación cualquiera de los grados de voluntad que estudiamos al hablar de las clases de dolo —directo de primer o segundo grado o eventual—), o por confundirlos también erróneamente con la conciencia de la licitud de la conducta. Otras veces se rechazan simplemente por no haber comprendido la estructura de resultado cortado de la mayoría de las causas de justificación. El elemento subjetivo de justificación, que no es otra cosa que la finalidad en la acción justificante, paralela por tanto al dolo en lo injusto, es compatible con otros fines simultáneos o incluso con móviles que en realidad son irrelevantes tanto para lo injusto típico como para lo justificante.

 Ej. 16.9: Manolo obra con el elemento subjetivo que exige la legítima defensa cuando, viendo que Pedro, su mayor enemigo, agrede ilegítimamente a Carmen actúa para defenderla eligiendo los medios racionalmente necesarios para ello, aun cuando con su acción defensiva al mismo tiempo persiga la satisfacción personal de lesionar a Pedro, a quien odia.
 Ej. 16.10: Enrique actúa con el elemento subjetivo del estado de necesidad justificante cuando toma sin pedir permiso un coche ajeno que ve aparcado frente a su casa, para llevar a su vecino gravemente accidentado al hospital, aunque su fin directo sea conducir el maravilloso coche ajeno, siempre que llegar al hospital y salvar la vida del accidentado sea una consecuencia secundaria necesariamente unida a su fin principal —aquí entra en el ámbito de lo querido por él— o no necesariamente unida, pero tampoco absolutamente improbable con la que cuenta —por lo tanto también integrada en su voluntad—.

En la actualidad, en paralelo a los intentos de normativización de lo injusto que vimos en las lecciones anteriores, también se ha intentado una objetivización de la justificación. Estas corrientes rechazan la exigencia de elementos subjetivos trascendentes, sustituyendo la intención referida al resultado o a la realización de actos posteriores por la idoneidad de la acción. Estas posturas plantean numerosos problemas, de los que destacamos los siguientes:

  1. La inclusión de un elemento que no está expresamente recogido en el tipo de la causa de justificación, como es la idoneidad de la conducta para producir el resultado valorado —paralelo al requisito de la peligrosidad de la conducta que se exige en el tipo de lo injusto—, supone una interpretación restrictiva contraria al reo.
     Ej. 16.11: Así, por ejemplo, quien intenta defenderse de alguien ostensiblemente más fuerte con unos golpes que objetivamente son inidóneos para frenar la agresión, además de recibir una paliza sería castigado por las lesiones que hubiera ocasionado al agresor en su fallido intento de defenderse, pues su conducta, por ser inidónea para salvarle, no estaría, según estas posturas, justificada.
  2. La absoluta objetivación de lo justificante, al igual que la de lo injusto, solo es posible en situaciones de tentativa acabada, pues solo en ellas es posible apreciar de forma objetiva la idoneidad o la peligrosidad de la acción, es decir, apreciar su capacidad para producir un resultado sin tener en cuenta necesariamente la voluntad de actuar del sujeto, la finalidad (elementos subjetivos). Por ello, esta construcción falla cuando se enfrenta a las causas de justificación mutiladas de varios actos. En ellas no es posible definir lo justificante con criterios meramente objetivos. Y no resulta coherente que en una causa de justificación mutilada de varios actos se deba reconocer necesariamente como elemento de lo justificante un elemento subjetivo consistente en una determinada voluntad de actuar, una finalidad (elemento subjetivo —con independencia de que además después se exija la idoneidad objetiva de dicho plan—), y ese elemento subjetivo desaparezca como fundamento de lo justificante cuando la ejecución ha avanzado hasta la situación de tentativa acabada.
     Ej. 16.12: Un particular detiene a un delincuente que se ha fugado del establecimiento penal en que se hallaba cumpliendo condena. En ese mismo momento el ordenamiento tiene que decir si la acción es un delito de detenciones ilegales o si por el contrario se encuentra justificada por el ejercicio legítimo del derecho a detener a otro en las circunstancias previstas por la ley, pues, entre otras cosas, si la conducta no fuese lícita desde su comienzo, cabría contra ella legítima defensa y cualquiera podría evitar la detención. Pero, como hemos visto la licitud de la detención depende de que el sujeto detenga con la intención de poner a disposición judicial. Esto es imposible determinarlo de manera objetiva, sin tener en cuenta la intención del sujeto. Cuando se produce la detención no podemos conocer su idoneidad objetiva para devolver al delincuente a la prisión, ya que ello dependerá de la voluntad de actuar del sujeto (un elemento subjetivo). Si su intención es llevarlo a un zulo y pedir un rescate a su familia, la detención no estará justificada.

    No pertenecen al tipo de lo justificante determinados requisitos introducidos en la definición legal de una causa de justificación que no hacen referencia a la conducta valiosa que el ordenamiento promueve o tolera con la intención de salvaguardar un interés preponderante, sino a determinados límites introducidos por motivos político criminales. Al no tratarse de elementos objetivos del tipo de lo justificante, el elemento subjetivo tampoco necesita extenderse a los mismos.

     Ej. 16.13: Así por ejemplo, en la legítima defensa, el requisito de la falta de provocación suficiente por parte del defensor (en los casos en los que la provocación no supone ya la falta de necesidad de defensa) es un elemento que no pertenece al tipo de lo justificante, pues no pertenece al fundamento de la causa de justificación: la defensa de los bienes jurídicos y del ordenamiento. Pero puede entenderse que el Derecho no permite que se erija en defensor del ordenamiento quien provocó la infracción del mismo (CEREZO) y que por ello se impone esta condición objetiva de justificación. Al no pertenecer al tipo de lo justificante no tiene por qué estar abarcada por el elemento subjetivo de la causa de justificación y puede faltar aunque este concurra, dando lugar a la aplicación de una eximente incompleta.

    Las causas de justificación son aplicables tanto a los delitos dolosos como a los delitos imprudentes y en ambos casos deben concurrir tanto sus elementos objetivos como sus elementos subjetivos.

     Ej. 16.14: Mariano, único médico de un pequeño pueblo que se encuentra a 60 km de la población más cercana, es avisado por teléfono por un pastor de que se ha producido un gravísimo accidente a 10 km de la localidad y hay heridos que necesitan de una intervención inmediata para no morir desangrados. El médico coge todo el instrumental del que dispone y sale en su vehículo particular hacia el lugar del accidente. Mariano conduce a una velocidad excesiva en su afán por llegar a tiempo de salvar la vida del accidentado lo que provoca que en un momento determinado y sin quererlo embista por detrás a otro vehículo causando unas lesiones a su conductor. El delito de lesiones imprudentes cometido está justificado por la actuación de Mariano en estado de necesidad.

    No existe en ningún caso una justificación meramente objetiva. La misma supondría prescindir de las normas de determinación, y el Derecho penal acabaría siendo un mero distribuidor de responsabilidades por hechos comprobados ex post en lugar de un instrumento eficaz para la protección de bienes jurídicos, que solo puede funcionar mediante normas de determinación. Y ello es así porque el Derecho puede motivar a la realización de acciones valiosas, puede motivar a realizar acciones de defensa o de salvamento, pero no puede dejar de motivar al sujeto a no matar a otro por lo que acaso después pueda suceder sin que este lo pretenda.