Barcelona fue la primera ciudad en emerger luminosa de la penumbra franquista. Pronto la siguieron el resto de ciudades y provincias catalanas, hasta convertirse en la primera comunidad autónoma en ámbitos como la industria, la economía, la cultura o el turismo.

Eran los tiempos de Pujol, Maragall, Montilla, e incluso la primera etapa de Artur Mas. Cataluña se convirtió así en el escaparate de España, esa región a través de la cual el resto del mundo conocía y entraba a España.

Como en todos los grupos, en el grupo de comunidades autónomas había una lider, papel que desempañaba Cataluña de forma impecable y que el resto de España apoyaba. Una lider que además tenía una discapacidad del "tres per sent", lo cual la hace todavía más meritoria de su posición.

Con la madurez del Estado de Derecho y de la Democracia, llegaron los ejercicios plenos de los derechos y libertades que la Constitución amparaba (y ampara). Entre ellos estaba la libertad de expresión, garantizada por el art. 20 CE y por la DUDH, y que consiste en esa libertad que tenemos todos de abrir la boca, emitir un sonido, mover la lengua, y sea lo que sea lo que salga por la boca, que no nos encierren.

Un buen día, alguien hizo eso con su boca y salió la frase "Vulem la indapandansia perqua España ens roba". Alguien que andaba por allí lo oyó y le pareció que sonaba bien, que tenía ritmo, y se puso a tararearla también, y a su vez, alguien lo oyó también y poco a poco la frase se hizo popular, esto es, lo que hoy diríamos que la frase "se viralizó".

Los catalanes tienen muchas cosas buenas que los caracterizan, y una de las más significativas es la de ser capaces de sacar provecho a las ideas más inverosímiles (ej. el Chupa Chups), de ahí que sean pioneros en multitud de ámbitos. Y como no podía ser menos, aquellos pioneros del fenómeno independentista descubrieron que dedicarse a repetir aquella frase daba para vivir, es más, daba para vivir muy bien. Y como si de la gallina de los huevos de oro se tratara, pusieron todos sus esfuerzos en cuidar y mimar a la gallina, por encima de todo. Hoy es público y notorio que el adoctrinamiento independentista descansa sobre la idea de que "El fin justifica los medios".

La ilusión de la gente es algo poderoso, no en vano existe la cita "La fe mueve montañas". Y un buen ejemplo de ello se puede observar en el fenómeno independentista. Por su fe, sus fans son capaces de salir a la calle a manifestarse en un día de lluvia, desplazarse a cientos de kilómetros, gastarse su dinero en chapitas, banderitas, lazitos, y cualquier merchandising que la organización les ofrezca, y en fin, a repetir todo aquello que la organización les diga que hay que repetir, aunque sea mentira (recuerda que "el fin justifica los medios").

Es legítimo pretender un deseo y manifestarlo públicamente. También lo es crear una estructura con flujos de ingresos que permita sostener la idea. Incluso adornarla con una imagen de marca que atraiga nuevos adeptos. Pero lo que no cabe en un Estado de Derecho es transgredir la legalidad, ni mentir, ni usar las administraciones públicas con fines partidistas, ni gastarse el dinero de todos en beneficio de unos pocos, ni intentar convencer al resto del mundo de que el éxito de Cataluña se debe sólo al sector independentista, ni querer imponer sus ideas al resto de población a través de la intimidación y la coacción, ni adoctrinar a niños alterando la historia, etc.

Entonces, ¿cual es el punto de equilibrio del mercado político en Cataluña?

Es sabido que la situación ideal es aquella que alcanza el punto de equilibrio que convierte el mercado político de Cataluña en un mercado eficiente. Para ello, la antigua CiU (hoy JuntsxCat) ha de volver al discurso moderado, ERC ha de ceder protagonismo y poner más cuidado en que "no se descubra el pastel", para ello debería asumir un rol más político y abandonar el discurso anárquico, dramático y unilateral, y pensar un poco más en como mejorar la vida a la dolorida sociedad catalana, con el objetivo de devolver a Cataluña al puesto de liderazgo en España.

Ahora, lo más seguro es que Puigdemont vuelva a presidir la Generalitat y pueda contar con una segunda oportunidad de dejar una huella en la historia a la altura de la institución que preside. Si es así, si se da cuenta de que una vez ostentado el cargo, hay que ejercerlo erga omnes (para todos), habrá un retorno progresivo a la normalidad. El 1-O se demostró que lo de declarar independencias en España todavía está algo crudo, además, el negocio independentista se basa en repetir la frase eternamente, si se independizaran se acabaría el negocio ¿what else?

En cualquier caso, la nueva legislatura ha de servir para corregir la huella dejada por el anterior gobierno y de seguir con pretensiones de altura constitucional utilizar la vía legal y legítima de la reforma constitucional, ¿no le parece esto mucho mejor que pasar la presidencia con unos billetes a Bélgica constantemente en el bolsillo?

Si has llegado hasta aquí, puede que estés pensando que esto lo ha escrito un "facha", seguro que si eres fan de la organización independentista ya llevas rato pensándolo. Pero no es así, da la casualidad que esto lo escribe un jurista de izquierdas que además cree que España funcionaría mejor con la forma de Estado República aunque al mismo tiempo cree que Don Felipe de Borbón desempeña dignamente el papel de Jefe de Estado y que de momento podemos ocuparnos de otras muchas cosas más importantes. Al mismo tiempo me muestro partidario de la reforma constitucional basándome en un fundamento lógico: si la Constitución regula una sociedad, y la sociedad evoluciona, entonces la Constitución se ha de actualizar para regular la sociedad nueva.