8.5. El procedimiento cognitorio imperial, precedente del proceso actual

Las características del nuevo proceso que se instaura en el Principado, a partir de las reformas de Augusto, junto a la terminología que permanece del ordo clásico, ofrecen el precedente de los juicios decididos por jueces funcionarios con lo que se instaura la oficialización de la justicia que tiene importantes consecuencias como son la burocratización y la dependencia jerárquica de los jueces del Emperador y de los funcionarios de la cancilleria imperial. En segundo lugar desaparece la bipartición del proceso y todo el proceso desde la citación hasta la sentencia se tramita ante el juez funcionario en una sola fase. Además, se funden y unifican las reglas del ius civile y ius honorarium, en un único ordenamiento, donde también se funden las acciones que pierden su tipicidad, igual que las excepciones. Como en la actualidad, las acciones son formas de pedir, de la justicia oficial, protección jurídica. Los debates de los litigantes y las pruebas se practican en presencia del juez que las valora libremente en su sentencia que puede ser impugnada mediante un recurso de apelación ante el superior jerárquico con posibilidad de llegar hasta el Emperador.

Como en el proceso formulario la citación puede consistir también en una invitación al adversario (denuntiatio) hecha por escrito o en forma oral para que el demandado comparezca ante el tribunal. La citación del demandado debe ser realizada en debida forma, porque en caso contrario no puede ser apreciada la contumacia o rebeldía.

En el procedimiento extra ordinem, en su fase posterior que se inicia con Constantino y llega hasta Justiniano, esta forma de citación previa ha cambiado: el demandante debe presentar una demanda por escrito y acompañar con ella las pruebas de que intente valerse de modo que, una vez presentada la demanda, puede el actor solicitar una dilación o interrupción del litigio, con objeto de procurar las pruebas que no hubiera tenido en su poder al presentar la demanda. Una vez presentadas, éstas serán tasladadas al demandado para que tenga una información completa acerca de las mismas. Pero esta dilatio litis se admite también a través de todo el procedimiento: tanto el demandado como el demandante pueden solicitar la interrupción del proceso para poder aportar nuevas pruebas, tanto documentales como testificales.

Cuando las dos partes han comparecido ante el magistrado, el actor reproduce oralmente las alegaciones contenidas en su escrito de demanda (narratio), a la cual opone el demandado sus alegaciones contradictorias (contradictio). En este procedimiento, las excepciones que pudiera oponer el demandado forman parte de sus alegaciones. Las excepciones continúan llamándose dilatorias y perentorias, pero su distinción fundamental estriba en que las perentorias o perpetuas pueden ser formuladas en cualquier momento del proceso. Por otra parte, la pluris petitio o reclamación excesiva no produce, como sucedía en el procedimiento formulario, la pérdida del litigio sin más, sino que puede causar el efecto de una simple disminución en la condena pretendida. De la contraposición entre las alegaciones de las partes, narratio y contradictio, surge la litis contestatio, o momento procesal en el que las partes han fijado definitivamente el litigio ante el magistrado: la litis contestario no consume la acción, y el efecto que produce es, pura y simplemente, el de acreditar el estado de pendencia de la litis (litispendencia).