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Definidas la acción y la omisión, es preciso hacer un alto en su función práctica como elemento límite de la estructura del delito. La situación de ambas en el primer peldaño del concepto analítico del delito tiene el efecto de excluir como posible sustrato delictivo a todos aquellos fenómenos que no cuentan con los requisitos que las caracterizan.

Estamos pues ante el primer escalón del proceso lógico de decantación que se encuentra tras el sistema del delito.

A. LA EXCLUSIÓN DE LOS SUCESOS QUE NO TIENEN SU ORIGEN EN UNA PERSONA FÍSICA

En el análisis que hemos hecho hasta el momento hemos presupuesto en todo caso la existencia de una persona física como autora de la conducta. Finalidad en la acción y capacidad de dirección finalista en la omisión, son conceptos hechos a la medida del ser humano, este dato excluye de la base del delito a fenómenos que no tengan su origen en una persona física.

A.1. Fenómenos de la naturaleza o provocados por animales

Los fenómenos de la naturaleza o los provocados por animales no son acciones ni omisiones y por lo tanto no podrán ser declarados delictivos.

Ahora bien, ello no es obstáculo para que puedan ser fuente indirecta de responsabilidad penal. En efecto, si dichos fenómenos guardan relación con una conducta humana —por ejemplo, de falta de control o de provocación—, la misma puede constituirse en base de la responsabilidad penal de su autor —ello es frecuente en el ámbito de los delitos de omisión—.

Ej. 6.16: El perro de Elena L. L., que no se encontraba debidamente controlado, muerde a José C. B. causándole lesiones graves. La omisión de las medidas de control por parte de Elena L. L. puede ser base suficiente para que se la declare culpable de un delito de lesiones graves en comisión por omisión siempre que se den el resto de requisitos. Pero también puede ocurrir que Elena L. L. azuce conscientemente a su perro para que ataque a José C. B., causándole lesiones graves. En este caso Elena sería autora de un delito de lesiones graves por acción y el perro el instrumento utilizado.

A.2. Actos de las personas jurídicas

Más compleja es la situación de los actos de las personas jurídicas. Por una parte, la exigencia de una conducta humana parece indicar que, tal y como se desprende del clásico principio societas delinquere non potest [las sociedades no pueden delinquir], están excluidas como posibles autoras de un delito; pero en la dirección contraria apunta el hecho de que, como veremos inmediatamente, las últimas políticas penales se han decantado por incluir a las personas jurídicas como sujetos activos del delito, acabando con la vigencia del citado principio.

Pues bien, este último hecho no afecta a la teoría de la conducta que hemos elaborado. La responsabilidad penal de las personas jurídicas presupone en todo caso la existencia del comportamiento de una persona física, incluso en supuestos extremos en los que no haya sido posible establecer con claridad quién en concreto. Es decir, como tales, los actos de las personas jurídicas no son acciones y omisiones por lo que directamente de los mismos no se deriva responsabilidad penal alguna, la misma tendrá en todo caso su origen en una acción u omisión realizada por una persona física —sobre esta cuestión volveremos inmediatamente, cuando analicemos el tema de los sujetos activos de la conducta—.

B. LA EXCLUSIÓN DE DETERMINADOS FENÓMENOS CON ORIGEN EN LAS PERSONAS FÍSICAS

La función limitativa de los conceptos de acción y omisión tiene también su influencia en el campo de los fenómenos con origen en las personas físicas. Se trata de excluir de la base del delito todas aquellas manifestaciones del ser humano que no presenten las características de la acción y la omisión tal y como las hemos descrito. De que los resultados en este ámbito sean satisfactorios depende la corrección de los conceptos elaborados.

B.1. El pensamiento

La necesidad de que en la base de la estructura del delito concurra una acción o una omisión tiene como fundamental consecuencia la exclusión de los pensamientos del ámbito de los fenómenos potencialmente punibles. Se trata del principio cogitationis poenam nemo patitur [nadie debe ser castigado por sus pensamientos].

Evidentemente con ello no se excluye al pensamiento del ámbito del interés del Derecho penal: los conceptos de acción y omisión de los que partimos giran en torno a los elementos internos de la conducta —salvo en el caso de las omisiones inconscientes— y la cara subjetiva del comportamiento resulta decisiva para determinar su alcance, significado y trascendencia penal. Sin embargo, dicha cara interna solo tendrá relevancia en cuanto haya sido puesta de manifiesto por actos externos, mediante una acción o una omisión.

Por tanto, podemos excluir de los conceptos de acción y omisión incluso aquellos supuestos en los que el sujeto ya haya tomado la resolución de delinquir o tenga una determinada tendencia a hacerlo.

Ni la resolución delictiva, ni la disposición de ánimo o talante son base suficiente para la aplicación del Derecho penal salvo que sean puestas de manifiesto por actos externos.

B.2. La fuerza irresistible

La fuerza irresistible, en los supuestos de vis absoluta [consiste en que una fuerza humana —o fenómeno de la naturaleza— exterior e irresistible se ejerce contra la voluntad de alguien], que no deja otra opción a quien la sufre, elimina tanto la voluntad de realización como la capacidad de dirección finalista de la conducta, por lo que queda excluida la concurrencia del primer elemento de la estructura del delito y cualquier tipo de responsabilidad penal del sujeto objeto de la misma —a salvo de otras posibles conductas concomitantes [que van asociadas u obran conjuntamente]—.

En sentido contrario, no cabe excluir la acción o la omisión en los supuestos de vis compulsiva [la presente e inmediata amenaza de empleo de la violencia], en los que, si bien queda condicionada la voluntad de realización o limitada la capacidad de dirección finalista de la conducta, no quedan eliminadas.

La fuerza irresistible puede provenir tanto de un fenómeno de la naturaleza como de un tercero.

En este segundo supuesto será preciso analizar la conducta del tercero para determinar su posible responsabilidad como autor de un hipotético delito en el que el sujeto sometido a la fuerza irresistible aparecería como un instrumento sin responsabilidad penal ninguna —véase art. 28 CP—.

Ej. 6.17: La fuerza irresistible proviene de un fenómeno de la naturaleza en el siguiente supuesto: Laura S. L., única controladora en la torre de control del Aeropuerto de C., queda encerrada por un golpe de viento en una habitación sin comunicación con el exterior; al no dirigir la maniobra de aterrizaje, el vuelo IB XXXX sufre un accidente. Pero también puede ocurrir que sea Carolina R. L. quien encierre a Laura S. L. con el objeto de provocar el accidente; en este supuesto la fuerza irresistible proviene de un tercero. En ambos casos queda excluida la existencia de una omisión. Y no existe acción en el supuesto de que Isabel L. P., que pasea con su nieto Diego C. L. por un parque, al ser golpeada por una rama que se ha desprendido de un árbol, caiga sobre aquel causándole graves lesiones.

B.3. Otros movimientos corporales

Por la misma falta tanto de voluntad de realización como de capacidad de dirección finalista de la conducta, quedan al margen de los conceptos de acción y omisión los movimientos corporales de quien sufre un ataque de epilepsia, de quien duerme —incluso del sonámbulo — o los actos reflejos en sentido estricto: ninguno de los mismos podrá ser declarado delictivo. No obstante, como en los supuestos anteriores, hemos de recalcar que ello no significa que no sea posible que este tipo de fenómenos acaben por ser objeto de análisis jurídico penal, pero en ningún caso constituirán por sí solos base suficiente para su declaración como delictivos. Serán conductas concomitantes las que finalmente puedan ser objeto del reproche penal.

B.4. Supuestos límite

Es discutido que otros casos, como los de hipnosis y narcosis, excluyan el primer elemento de la estructura del delito. En estos supuestos se opta más bien por la admisión de la existencia de una conducta en sentido estricto y la aplicación de atenuantes o eximentes en sede de culpabilidad —al no tener o tener disminuida la capacidad de comprender el carácter ilícito de la conducta o actuar conforme a dicha comprensión—. No excluyen por tanto la conducta humana.