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Si la antijuridicidad de la conducta supone que esta es objetivamente contraria al ordenamiento jurídico, ilícita, una conducta que el derecho desaprueba y no quiere que se realice (por eso la prohíbe), la culpabilidad supone que podemos reprocharle al autor la conducta antijurídica que ha realizado teniendo en cuenta las circunstancias concretas en las que actuó. Así, concebimos la culpabilidad como la reprochabilidad personal de la conducta antijurídica; una conducta culpable es una conducta personalmente reprochable, una conducta que le podemos echar en cara al autor.

En este elemento del delito estudiaremos si y en qué condiciones podemos reprocharle al autor que realizase la conducta típica y antijurídica. Ello hará necesario tener en cuenta una perspectiva valorativa distinta a la de la antijuridicidad. Como se dice habitualmente, la culpabilidad es el elemento del delito en el que se utiliza una visión individualizante, es la categoría en la que se tiene en cuenta al sujeto concreto, frente al proceder generalizante de la antijuridicidad. Es, como también se señala (MIR PUIG), el lugar donde realizar la igualdad real, lo que implica tratar de modo diferente lo que es distinto.

De este modo, si en la antijuridicidad priman las consideraciones generales, la determinación de los marcos de convivencia, las consideraciones (des) valorativas sobre cómo vivir en sociedad, en la culpabilidad vamos a buscar algo más. La reprochabilidad de la conducta concreta supone que podemos censurar esa misma conducta de forma individual, atendidas también las características del sujeto que realiza la conducta y las circunstancias en las que la realiza. La conducta desaprobada y disvaliosa en general se convierte en una conducta desaprobada teniendo en cuenta también al sujeto que la lleva a cabo. La conducta se convierte en un acto desaprobado de un sujeto concreto y, por tanto, en un acto que podemos censurar, reprochar, a un sujeto concreto; en este sentido hablamos de desvalor individual de la conducta antijurídica. Se le echa en cara el desvalor concreto de su acto particular; se le censura la realización de su acto, se le desaprueba el mismo (tal y como se configura en el caso que se analiza).