El aforismo "punitur quia peccatum est" significa "castigar porque se ha pecado" o "el castigo por el pecado".

En las Teorías absolutas de la pena la retribución por el delito cometido era el único fundamento de la pena y estaba basado precisamente en el principio punitur quia peccatum est.

Si bien las teorías absolutas de la pena no han tenido seguimiento en la Ciencia del Derecho penal española, referirnos a dos de sus principales defensores nos puede dar una idea de su importancia: KANT y HEGEL.

Las teorías absolutas mantienen que el único fundamento de la imposición de la pena es la retribución. Se excluyen expresamente del mismo los posibles efectos preventivos que aquella pudiera tener.