Cláusula que se introduce en contratos para la cesión del uso de nuevas tecnologías (especialmente «software»), en defensa de la propiedad intelectual de su creador, que limitan sus aplicaciones a aquellas actividades que no son vetadas por el cedente (usos militares, o contrarios a los derechos humanos, por ejemplo) y que establecen el arbitraje como medio de solución de las disputas relacionadas con ese contrato. El nombre viene del supuesto efecto en cadena de una mariposa batiendo las alas en un rincón del mundo, provocando una catástrofe en el otro extremo del planeta. Que el cesionario de la tecnología sea un Estado no altera su naturaleza.