El término griego areté suele traducirse por "virtud" o, mejor, por "excelencia". Los griegos lo aplicaban al buen desempeño de la función de algo.

Según Aristóteles, también el ser humano tiene una función natural y específica, que puede ejercerse bien o mal. Aristóteles habla de la areté o de las aretai (virtudes, excelencias) humanas para referirse al ejercicio de dicha función, realizada bien y con excelencia. Las virtudes o aretai humanas son excelencias en el ejercicio de las funciones del alma que involucran a la racionalidad, que es la función propia del ser humano. Distingue entonces dos tipos de excelencias o virtudes: las éticas y las dianoéticas.