Nuevas formas de vida laboral: la vida Wired y la del emprendedor

Con el deceso de las carreras, dos formas de vida laboral significativamente diferentes están surgiendo en las sociedades occidentales. Por un lado, está lo que llamaremos una forma wired de productividad (rápida, con redes globales, centrada alrededor de proyectos) que está surgiendo en Silicon Valley, pero que no se limita a éste y otros polos de tecnología de punta y medios de comunicación. Esta forma de productividad crea nuevos bienes sociales y valores éticos que reemplazan y disminuyen nuestra estima por los valores tradicionales comprendidos en una carrera. Por otro lado, está surgiendo otra forma de vida laboral que acentúa otros nuevos valores, pero que también está equipada para dar sustento en formas novedosas a los bienes sociales tradicionales de la carrera. Llamaremos espíritu emprendedor a este nuevo modo de productividad, teniendo en mente sus formas sociales, políticas y económicas. Aunque, en la práctica, muchas vidas laborales son tanto wired como emprendedoras, entender estos dos incipientes ideales de vida laboral nos permitirá formular políticas sociales sensatas que respondan exitosamente al deceso de la carrera.

Tanto las vidas wired como las emprendedoras tienen sus raíces en conocidos ideales del pasado. En La Genealogía de la Moral y otros escritos, la descripción e idealización que hiciera Nietzsche de los proyectos de vida de los nobles en el mundo antiguo y en los albores del moderno se aproxima mucho a nuestro recuento de la vida wired. Se trata de una vida animada por las virtudes de la temeridad y la audacia a través de las cuales uno recrea perpetuamente y perfecciona la propia identidad. Ésta no está encarnado en una narrativa única de desarrollo gradual, sino en cierto número de logros discretos, incluso discrepantes que Nietzsche llama “vidas breves.” En la era moderna tardía, se han hecho más comunes varios modos de productividad neo-Nitzscheanos, a los que, siguiendo la jerga californiana, les llamamos vida “wired”.

De forma muy similar al modo de vida wired, el del espíritu emprendedor también puede hallar sus orígenes en la antigüedad. Sus raíces yacen en las tradiciones cívicas humanistas de los griegos y los romanos en que los individuos promovían cambios en sus comunidades involucrando directamente a sus conciudadanos al iniciar y participar en diversas organizaciones, tales como las asambleas de deliberación y asociaciones productivas. Esta tradición fue continuada en el período moderno temprano a través de las prácticas asociativas de los comerciantes. Nuestra preocupación aquí no se centra tanto en las genealogías como en las figuras contemporáneas de estas dos formas de vida y en lo que implican para nuestra cultura y nuestras políticas públicas.

La forma de productividad wired rehuye a la noción de un compromiso vitalicio. Este tipo de compromiso es considerado una forma de estar varado en la vida, un impedimento para el crecimiento personal, la emoción y la creatividad. En lugar de comprometerse de por vida con una profesión, vocación o forma de trabajo, la gente wired simplemente se deja llevar por cualquiera de sus varios talentos o inspiraciones. Pueden hacerlo uno tras otro o todos simultáneamente como trabajadores de portafolio. En el caso ideal, puede pasar siete años de su vida adulta como ingeniero, después estudiar administración de empresas y convertirse en consultor durante otros siete años, más tarde comprar una vendimia y dedicar de lleno su atención a ésta, y así sucesivamente. En los EE.UU., están surgiendo patrones similares entre la gente con oficios. Uno podría empezar de asistente de plomero, luego unirse a una empresa de moda que ofrece entrenamientos y licencias de electricista. Después de ascender en el escalafón y de acumular cierta riqueza, el hombre de oficio bien podría hacer un viaje de seis meses en un vehículo recreativo o comprar un pequeño rancho en México, después regresar a trabajar como electricista para financiar los cursos que le permitirán obtener una licencia de plomería para iniciar un pequeño negocio independiente. Por supuesto que en es estilo de portafolio, la persona wired acaudalada puede ser un consultor y un viticultor al mismo tiempo, al igual que el hombre de oficio podría trabajar parte del tiempo como electricista mientras inicia su negocio de plomería.

Sería erróneo considerar que estas vidas ya sea de clase media o proletaria están conformadas por una mini carrera tras otra. Más bien, estas vidas están conformadas por una serie de proyectos. Este tipo de proyectos, en sí, difiere de las carreras por no buscar el beneficio de sentar bases para la identidad de un individuo. Aunque pueden incluir ciertos compromisos de corto plazo, no se basan en ningún compromiso consigo mismo ni con otros a vivir un tipo particular de vida. Nacen del interés en expresar un talento o una inspiración. De este modo, el bien de un compromiso estabilizador y definitorio de identidad es reemplazado por la prioridad de expresar y perfeccionar las capacidades de cada cual. Al tiempo que la gente que tenía carreras se unía a comunidades vocacionales a las que eran leales y a través de las cuales podían ver la forma y el estilo generales de sus vidas, la gente con proyectos siempre está probando diferentes comunidades de proyectos.

Los miembros de estas efímeras comunidades de proyectos pueden mostrar una pasión intensa, de lo que son evidencia las famosas historias de inspiración de los desarrolladores de software y hardware que trabajan durante muchos días y noches insomnes desarrollando nuevos productos de software o hardware. Sin embargo, estos grupos sienten comparativamente poca lealtad hacia comunidades empresariales o profesionales que exigen compromisos de largo plazo y frecuentemente las perciben como fuerzas que reprimen su creatividad. Experimentar la pasión que involucra lograr una meta en particular reemplaza en gran medida la lealtad a instituciones o comunidades. De hecho, las metas de cada proyecto con frecuencia se miden contra formas de lealtad que necesitan ser ignoradas para lograr el “parteaguas” deseado. Un trabajador por proyecto, por ejemplo, trabajará con la compañía que está más dispuesta a apoyar su proyecto, no se quedará con la que originó el proyecto o que le ha dado empleo durante años. Por lo tanto, la estructura de la vida wired exige a sus adherentes que generalmente estén en contra de los valores o los estilos de vida que implican compromisos vitalicios.

Las vidas wired requieren reconocimiento, pero el reconocimiento que se busca ya no soporta la carga de una identidad vocacional. Puesto que uno pasa regularmente por diferentes comunidades de proyectos, el reconocimiento al interior de estos grupos se manifiesta como reconocimiento por tener una vida wired en sí: dar cauce a los talentos y a las inspiraciones de cada cual, disfrutar las pasiones y reconocer el estilo de vida libre y liviano que surge de adaptarse a estos valores. El reconocimiento cívico perdurable, por lo tanto, debe recibir poca atención y no juega un papel importante en la vida wired. Por supuesto, algún proyecto cívico podría generar fuertes pasiones por cierto tiempo. Pero la gente wired no se identifica con una comunidad en la que hay acción política. En general, en lugar de valorar a las comunidades locales, la gente que vive vidas wired da valor a explorar varias áreas geográficas al estilo del nómada. Aunque estar en constante movimiento es un costo de la vida wired impuesto por la necesidad (ya sea económica o psicológica) de un proyecto nuevo, también es uno de sus logros.

Las vidas wired personifican una forma distintiva de autonomía personal. En el pasado, las personas autónomas consideraban que estaban escribiendo una historia coherente de sus vidas cada día. Las vidas wired, por el contrario, llevan la

autonomía a un grado radical, liberándola de la pesada metáfora de la autoría. En la concepción liberal tradicional de la autonomía, cada persona es responsable de hacer que la historia de su vida tenga sentido, de hacer que un momento sea coherente con el siguiente y, de este modo, de conformar una narrativa continua de una vida en su conjunto. En contraste, vivir una vida wired implica discontinuidades en los valores, metas y compromisos que serían requeridos para producir una narrativa de vida consistente. Desechar con gusto modos de vida y de trabajo previos hace que la vida wired sea particularmente capaz de responder a la preocupación de cada momento. Si de pronto se siente bien viajar a la India en una jornada espiritual, simplemente porque uno siente que sus intereses espirituales no han recibido la atención debida, entonces las energías se enfocan en esa dirección. Si una nueva campaña publicitaria los hace sentir bien o es necesaria debido a la presión de la competencia, las energías se enfocan en esa dirección. Ésta es, en efecto, la vida anticipada por Nietzsche cuando especuló que las identidades vitalicias darían paso a “breves hábitos"xxvii. Las vidas de la gente wired se asemejan más a antologías de cuentos breves que a la narrativa de una novela burguesa.

Aunque la mayoría no tiene los recursos necesarios para tomarse el tiempo de viajar a la India o lanzar una campaña publicitaria, responder a ellos se acepta cada vez más como un ideal deseable. Autores como Mulgan considera que este tipo de acciones revelan la creciente importancia de valorar la autenticidad en el occidente. Como él las caracteriza, éstas son acciones que aspiran a una simplicidad y una pureza moralxxviii. Aunque seguramente tiene razón, denominarlos intentos de expresión pura de sí mismos - denota un cambio tajante en el significado de la palabra autenticidad. Para la generación anterior, las acciones auténticas de hoy hubieran parecido instancias de capricho poco auténtico. William Wordsworth, el poeta que más llamó la atención hacia la autenticidad en la expresión, consideraba que la autenticidad era vivir una vida encaminada a dejar salir lo que daba mayor significado a la vida de un individuo (en toda su extensión)xxix. En la forma de vida wired, la espontaneidad para responder a la situación presente, más que la continuidad en los proyectos y las relaciones, pone a prueba la autenticidad personal. En la nueva economía, tal espontaneidad tiene obvias ventajas comerciales. Se está convirtiendo rápidamente en una aptitud esencial para responder a las necesidades cambiantes de los clientes. Como consecuencia, la vida wired se ha hecho más prevaleciente. Cada día empresas de alta tecnología y otras de alto rendimiento están organizando más operaciones alrededor de proyectos. En los EE.UU., por ejemplo, se estima que en el año 2000, 80% de todas las empresas que aparecen en la lista de Fortune 500 tendrán más de la mitad de sus empleados trabajando en equiposxxx. Esto señala un notable cambio de aquellas organizaciones jerárquicas que florecieron en épocas previas del siglo. Tiene mayor importancia, sin embargo, que no sólo la estructura y la organización, sino también las disposiciones o perspectivas de sus trabajadores se verán alteradas. En respuesta a esta tendencia, el departamento de trabajo de los EE.UU. ha sugerido que las escuelas empiecen a entrenar a sus alumnos para aptitudes tales como trabajo en equipo y gestoría de proyectosxxxi. Los científicos, ingenieros, técnicos, personal de bajo nivel y demás se verán cada vez más comprometidos con el proyecto, no con la compañía. Con este tipo de organización, las compañías actuales han aprendido a mantener incluso el 20% de rotación de empleados anual que se ha dado en sus departamentos de tecnologías informáticasxxxii.

En cuestión de práctica de negocios, pensadores líderes en administración de empresas, como James Maxmin, antiguo presidente de Laura Ashley, están desarrollando nuevos modelos empresariales wired que emplean sofisticados sistemas logísticos y grupos de empleados creativos que manejarán un bar o el sistema de entregas de una tienda de abarrotes hasta que su inspiración merme. En ese momento, otro grupo tomará las riendas.

Por adecuarse tan bien a las estructuras fluidas que están emergiendo en todas las industrias e incluso en las organizaciones más grandes, la vida wired sigue creciendo como un componente de la vida económica de la reciente modernidad. En una encuesta reciente de Louis Harrisxxxiii, ya se muestra que 22% de los trabajadores americanos tienen valores de vida wired y que el 49% podrían caracterizarse como que están migrando hacia estos valores, mientras que sólo el restante 29% de los trabajadores aún son “tradicionales”. Este estudio caracterizó a los trabajadores wired en términos de contribución, cambio de empleos como vía de crecimiento y ascensos basados en el desempeño. Los trabajadores tradicionales, en contraste, consideraban que la lealtad era la recompensa a la promesa de estabilidad laboral, que el cambio de empleos dañaba a la carrera y los ascensos se basaban en la duración del servicio. Adicionalmente, los trabajadores wired rechazan la seguridad laboral como lo que rige el compromiso con una organización. Estos cambios de actitud no son sorprendentes en la economía de EE.UU. que ha visto que el promedio de tenencia de empleos estables para varones, el más bajo en el mundo industrializado, ha bajado 19% entre 1991 y 1996xxxiv después de haber bajado otro 10% en la década previaxxxv. Estas cifras, derivadas de estadísticas gubernamentales, podrían incluso subestimar la tendencia debido al porcentaje de gente madura en la fuerza laboralxxxvi.

Mientras que las vidas wired traen creatividad espontánea que surge de estar abiertos a todo y de una pasión muy enfocada aunque pasajera, constituyen un resquebrajamiento radical por esquivar las disposiciones y las aptitudes que dependen de los compromisos de largo plazo. Aunque en ocasiones durante la juventud se adopta una forma de vida wired y con la madurez ésta se desarrolla en una forma más emprendedora, nada asegura que se persiga un patrón de esta naturaleza. De hecho, es difícil ver por qué debería ser este el caso. Siguiendo la percepción de Maxmin de que el modelo de negocios más idóneo para la vida wired se parece al de los grupo de rock que se reunen y se disuelven cuando merma la inspiración, ¿por qué debería un trabajador wired aprender a hacer los sacrificios necesarios para mantener viva una inspiración por el bien de comunidades de clientes y trabajadores cuando esa inspiración ya no es divertida? El estilo de vida wired tiende hacia la desaparición de la confianza de largo plazo, de la identidad estable y de otros tipos de bienes sociales que surgen de que la gente haga compromisos duraderos: cariño y amor familiar, preocupación por una comunidad local, una adhesión más amplia a ideales cívicos y patrióticos, confianza en profesionales que han dedicado su vida a una vocación, etc. Debido a que estos bienes sociales exigen que uno responda a compromisos que se extienden a lo largo de grandes períodos de una vida, sólo pueden tener un papel tenue en la vida wired. Cultivarlos requiere más que apertura al momento. Exigen que se acepte la dedicación y el sacrificio que estas obligaciones pueden implicar. Puesto que son considerados obstáculos en el desarrollo personal, la vida wired no honra estas virtudes.

Aquí nos importa hacer notar que la pérdida de estas virtudes seguramente no es completamente nueva para las tendencias actuales en la tecnología y la globalización. Movimientos culturales como los beats en los cincuenta y muchos otros en los sesenta convocaban a deshacerse de los vínculos comunales que restringían la indulgencia a los talentos y las predilecciones personales. En todos estos movimientos previos, sin embargo, semejantes actitudes no ofrecían nuevas formas de organizar la vida productiva. En efecto, con frecuencia eran consideradas como alternativas a un esfuerzo productivo. Hoy en día, las vertiginosas tendencias que afectan la vida laboral hacen conveniente integrar los bienes de desarrollo personal a una vida productiva y hacerlo en nombre de la flexibilidad.

Aunados a su creatividad y flexibilidad, la vida wired trae consigo muchos riesgos morales y riesgos políticos. En el plano personal, está el omnipresente riesgo del fracaso. Por supuesto, el fracaso es un riesgo presente en todas las formas de vida, pero los riegos incurridos en la vida wired tienen una severidad peculiar. La vida wired exige una amplia movilidad para la libertad de desplazarse de un proyecto a otro. Por lo tanto exige un éxito suficiente para mantener la independencia financiera. Cuando la persona wired fracasa, es arrojada en un contexto social o comunidad a la cual percibe como una forma de confinamiento más que una fuente sustento. Ya que el estar en movimiento es uno de los únicos aspectos que cimientan la identidad de la gente wired, la pérdida de movilidad no sólo significa fracaso y confinamiento, sino que también genera una aguda crisis de identidad.

Como hemos visto, al enfatizar el desarrollo propio respondiendo a la inmediatez del momento presente, las vidas wired encarnan un modo de vida laboral neo-Nitzscheano. La gente wired que se ha quedado varada en los momentos históricos aburridos, repetitivos y poco satisfactorios que ocurren durante las recesiones económicas tendrán hacia un abandono, una anomia y un fatalismo exentos de pasión. Consideremos el patrón que estaba surgiendo en los EE.UU. en el que trabajadores wired desengañados simplemente regresan a casa de sus padres durante tiempos malos y esperan que llegue un golpe de suerte que los saque de ahí. Poco en la vida wired protege a quienes pierden su independencia financiera de amargarse, en particular porque la gente wired carece de los valores de la solidaridad o el sacrificio de sí mismos que esos tiempos podrían requerir.

La anomia y el fatalismo de la gente wired fracasada no son sólo riesgos morales. Son un riesgo político, puesto que amenazan tanto las aspiraciones de expresión de sí mismos como las esperanzas de una carrera de la mayoría trabajadora. Cuando la economía entra en recesión, no hay mucha diferencia entre las preocupaciones de quienes conducen una vida wired y las preocupaciones de trabajadores más tradicionales que no logran que sus ingresos les alcancen para pagar sus cuentas. Es probable que ambos grupos se sientan defraudados. Bien podrían ponerse en contra de los gobiernos y partidos de centro izquierda y apoyar a una derecha que promete un regreso de las oportunidades que ellos creen haber perdido.

Hay un precedente incómodo para esta reacción que es la coalición de hombres y mujeres desilusionados de Essex que ayudaron a poner a Blair en el poder. Muchos de éstos eran personas a las que, durante los años de Tatcher y Mayor, se les habían dado ánimos para adoptar una forma de vida similar a la wired. En lugar de rentar casas de interés social, se les indujo a incurrir un riesgo y comprar sus casas - sólo para terminar en bancarrota. En lugar de atar sus vidas a empleos asalariados anticuados, se les animó a dar cauce a sus talentos estableciendo negocios - y luego se encontraron devastados por la volatilidad de las tasas de interés. El la sensación de haber quedado varados en el tumulto de los mercados libres irrestrictos fue una de las fuentes de la aplastante victoria de Blair. Las energías egocéntricas de la vida wired se volcaron en contra del partido político que la había promovido. Existe el riesgo de que se dé un tránsito similar de estados de ánimo contra el gobierno de Blair cuando la economía entre en recesión.

Cualquier problema económico serio y relativamente duradero probablemente también evocará otro estado de ánimo peligroso - nostalgia por la estabilidad y la seguridad de la carrera. Después de todo, quienes viven vidas wired cultivan activamente la nostalgia y además ya tienen una tendencia a coquetear con añejas prácticas como el amor romántico y la vida elegante. Las prácticas están ahí para probarlas y dejarlas siempre que el riesgo se hace demasiado grande. ¿Por qué no tener nostalgia por la carrera? En tanto la economía se encuentre en crecimiento, a quienes los recortes y las nuevas tecnologías les han arrebatado sus carreras por podían esperar reiniciar sus vidas laborales con otra carrera, por lo general más modesta. En tiempos de adversidad económica esa esperanza rápidamente resulta ilusoria. Ahora, sin importar el clima económico, esa esperanza se está alejando cada vez más.

Empero no deberíamos empezar a sentir temor por las formas de trabajo que están surgiendo en la nueva economía. Se está desarrollando otra forma de vida laboral que podría rivalizar con la vida wired y darle el apoyo que requiere para florecer. En lugar de conducirse por la suerte, los talentos y la inspiración del día, la nueva vida emprendedora se rige por aportar valor a la comunidad en la que el emprendedor vive. Para los emprendedores, una vida con significado involucra mucho más que la expresión de las capacidades personales. Comprende renovar la vida de la comunidad - a través de algún producto o servicio nueva, de un logro político como una ley o una institución, de un evento cultural o de un nuevo tipo de servicio social. Aunque otros han tratado de equiparar al espíritu emprendedor con el arbitraje explotador, su creatividad en la producción de nuevas instituciones acude a las mismas energías y prácticas creativas que las de los activistas políticos y los trabajadores culturales. La diferencia entre los emprendedores, los activistas políticos y los trabajadores culturales reside en las diferentes intuiciones que ellos tienen de las anomalías sociales que son la fuente de sus innovaciones. En las anomalías sociales, los emprendedores ven oportunidades para nuevos productos y servicios; los activistas políticos ven que alguna práctica está siendo desanimada de forma anómala e injusta; y los trabajadores culturales ven una carencia anómala de entendimiento y apreciación de la forma en que la gente vivexxxviii. Para llamar la atención hacia la capacidad innovadora de estas formas de actuar, afirmamos que el espíritu emprendedor puede practicarse en muchos dominios de la vida. Lo que los emprendedores, los activistas políticos y los trabajadores de la cultura tienen todos en común es la iniciación de un cambio significativo en un contexto de responsabilidades compartidas y una historia común.

En contraste con la vida wired, los emprendedores se ven a sí mismos como quien vive en la historia de comunidades particulares y quien se involucra activamente en compromisos sociales. Sin duda, vivir en este tipo de comunidades históricas es parte de ser humano, pero lo que importa es la experiencia que uno tiene de ese aspecto y cómo uno lo perfecciona. Mientras que la gente wired percibe el estar enfrascada en instituciones y comunidades particulares como una restricción a su propia creatividad personal, la gente emprendedora lo considera un bien esencial que cimienta la naturaleza misma de su empresa. Es precisamente del cultivo de los compromisos hacia sus comunidades de clientes, vecinos, empleados y demás, de dónde los emprendedores derivan su éxito.

La realización de sí mismos también tiene un sitio distinto para los emprendedores. El trabajador o ciudadano emprendedor no explora sus propios talentos e inspiraciones tanto como su sensibilidad a las discordias, tensiones y conflictos de valor que comparten muchas personas de su comunidad. El emprendedor explora formas de vivir que conducen de algún modo a resolver la discordia y reúne a un grupo de gente para lograr que la decisión tenga una total eficacia pública.

Los emprendedores no simplemente reinterpretan y desarrollan el conocimiento local, como lo hace quien tiene una carrera. El emprendedor experimenta con el conocimiento local para cambiarlo. Como experimentadores, ni responden a las verdades de los profesionales anteriores ni siguen rutinas establecidas. Son sensibles a cómo las situaciones diarias difieren de las del día anterior. Perpetuamente buscan nuevas formas de resolver discordias constantes.

Anita Roddick, a juicio nuestro una emprendedora ejemplar, tuvo sensibilidad hacia la discordia que se había desarrollado entre el cuidado de la dignidad femenina y el del atractivo femenino. Desde el punto de vista de Roddick, la industria de los cosméticos había cosechado un enorme éxito haciendo que las mujeres se sintieran inseguras de su atractivo y vendiendo cosméticos como remedio a su inseguridad. En lugar de resignarse al conflicto entre dignidad segura y atractivo inseguro, como lo habían hecho otras feministas que creían que la discordia sólo se desvanecería cuando desapareciera el patriarcado, Roddick asumió el compromiso de hacer una diferencia ya. Se dio cuenta de que podría aprovechar formas de cuidarse, como tomar baños de burbujas y hacerse manicuras para vender cosméticos. Diseñó un espacio de venta donde los cosméticos se dispondrían junto a productos de higiene personal para cuidarse y a panfletos políticos. Se alentaba a las clientes a que compraran sólo aquellas cosas que las hicieran sentir bien por el placer de cuidarse que producían y porque también era bueno para la sociedad. De este modo, los cosméticos podrían dejar de ser instrumentos de opresión y convertirse en instrumentos de diversión y reforma a la vez. Después, Roddick se declaró como quien haría funcionar esta estrategia. En virtud de esta declaración, otros le tuvieron suficiente confianza como para trabajar conjuntamente en la creación de “The Body Shop”. Está claro que The Body Shop cambió las reglas del juego para vender cosméticos. Casi todos los aparadores de cosméticos de las tiendas departamentales ofrecen productos para el cuidado personal. Sin embargo, su influencia no se ha limitado a la venta de cosméticos. Por ser capaz de atraer compradores que tienen poco interés en productos de higiene personal y cosméticos, la afirmación de poder de The Body Shop se deriva de atraer clientes a su atmósfera distintiva.

En apariencia, la gente como Anita Roddick es poco común. ¿Cómo podríamos suficientes de nosotros conducir vidas emprendedoras como la de ella? Por supuesto que en los albores de la era de las carreras, seguramente se planteaba una pregunta similar. Antes del triunfo de los gremios y las asociaciones mercantiles, sólo el clero, los abogados y los médicos podían tener acceso a los beneficios que hoy en día asociamos con las carreras. ¿Quién iba a creer que muchos podrían tenerlos y que la mayoría trabajadora podía aspirar a ellos? Aún así, no proponemos, ni siquiera en el ámbito comercial, que todos nos convirtamos en emprendedores como lo hizo Anita Roddick.

Reemplazar las carreras con actividad empresarial no significa que todo mundo tenga que salirse de su camino para fundar una empresa que cambie una industria. Primero debemos recordar que iniciar cualquier negocio que brinde a la comunidad algo que la gente no creía posible cuenta como espíritu emprendedor. Hay emprendedores sociales y emprendedores cívicos, así como emprendedores comercialesxxxix. Encontrar una forma de establecer y mantener una cafetería en un pueblo que parece ser demasiado pequeño para que ésta funcione, definitivamente representa un espíritu emprendedor, al igual que fundar un nuevo centro social en los barrios bajos de Londres. Ni siquiera sugerimos que la mayoría de la gente debería ser emprendedora ya sea en los sentidos de transformar industrias, cívico o comercial de la palabra. Lo que sugerimos es que la mayoría de las personas se verán beneficiadas de adoptar un enfoque emprendedor hacia su vida profesional y hacia las instituciones sociales que heredaron del pasado.

En el sentido más amplio, los emprendedores crean valor al compartir la responsabilidad de desarrollar prácticas nuevas o ignoradas que podrían resolver alguna tensión o sanar alguna discordia actual en su comunidad o sociedad. Por lo tanto, uno no necesita dejar la compañía en la que trabaja para convertirse en emprendedor. Un caso simple de un empleado emprendedor sería alguien que descubre las subastas en Internet, se declara responsable de atraer sus beneficios a la compañía y reúne a un pequeño grupo de miembros de un equipo y aliados para hacer realidad este cambio que genere ganancias para la compañía. A medida que más y más gente en una compañía así organice sus actividades alrededor de verificar con un emprendedor interno de esta naturaleza antes de hacer sus compras, él o ella desarrolla poder, mismo que puede incrementar haciendo nuevas ofertas dentro de su compañía. Las tendencias y las fuerzas que están acabando con la carrera abren un caudal de posibilidades para el espíritu emprendedor. Un empleado se dio cuenta de que las gráficas que se habían subcontratado no daban una buena sensación. Empezó a tomar cursos para aprender a hacer gráficas y luego ofreció producir algunos de los diseños con una mayor sensibilidad hacia las preocupaciones de la compañía y hacia las asociaciones generadas por su marca. Ella estaría dispuesta a participar en reuniones a las que los empleados de la empresa subcontratada no tenían tiempo de asistir. Jim Taylor y Watts Wacker llaman la atención hacia la tendencia de que especialistas de la compañía negocien tratos para servicios o productos que la compañía matriz, por sí sola, no podía realizar y luego formen una nueva relación con la compañía para llevar a cabo el acuerdoxl. De modo similar, un profesor a quien conocemos, con la ayuda de algunos amigos técnicos, ha empezado a ofrecer partes de sus cursos por Internet para ex alumnos interesados, padres y otras personas que podrían tener interés en su disciplina y en sus artículos y los de sus amigosxli.

En estos ejemplos, el empleado muestra las características principales del espíritu emprendedor: se da cuenta de que algo no está del todo bien, que algo es anómalo o está en conflicto. Entonces, el empleado descubre una forma de resolver esta anomalía - subastas por Internet, tomar cursos de diseño y asistir a reuniones, un nuevo servicio y transmisiones por Internet, y ofrece proveer servicios y productos para resolver la práctica y se declara responsable de mantener la oferta. El empleado reúne a otros que le ayudarán a proveer el servicio y se compromete a formar alianzas de promoción mutua con otros, a realizar compras y cosas así. A medida que esto sucede más y más en el lugar de trabajo, el negocio se constituye cada vez más de grupos relacionados que se asumen como quien trae un tipo particular de valor comercial para cada cual. En los EE.UU., el banco Wells Fargo está tratando de transformar cada uno de sus departamentos internos en negocios organizados con base en un modelo empresarial de esta naturaleza. Del mismo modo que uno no tiene que ser un abogado o un gerente en una gran corporación para tener una carrera, uno tampoco necesita iniciar una empresa comercial, social o cultural independiente para ser un emprendedor. Como lo señala Mulgan, nuestro sentido liberal de individualismo soberano nos ciega a la forma en que actuamos en un mundo sumamente interconectado. Considerar que sólo estamos completamente vivos, al tanto y expresándonos dentro de asociaciones que nosotros iniciamos o a las que pertenecemos es buena parte de lo que se requiere para desarrollar un entendimiento que puede ayudarnos a manejar la forma en la que desde ahora estamos empezando a vivir.

Los elementos constitutivos de una vida emprendedora, al contrario que la vida wired, incluyen muchas de las virtudes básicas de las carreras. El emprendedor asume un compromiso que lo define a desarrollar una práctica ignorada que resolverá una discordia en pequeña o en gran escala. El emprendedor logra reconocimiento al declararse responsable de resolver el problema y reunir gente que tenga un interés similar. El emprendedor valora mucho la lealtad de su núcleo y actúa para preservarla. Los emprendedores apoyan a otros que se embarcan en empresas similares, de lo que es evidencia la forma en la que los emprendedores exitosos se han convertido en inversionistas de capital de riesgo. Al apoyar otros afanes emprendedores, activamente están construyendo nuevas formas de comunidad. Finalmente, al declararse responsables por una determinada resolución de discordia comunitaria, se convierten en autores de una historia de vida continua. Esta continuidad es su responsabilidad puesto que involucra la resolución exitosa de la discordia y la lealtad continua al grupo que se ha reunido. Igual que el profesional o el administrador que agrega atractivo a sus capacidades al ofrecerlas a las asociaciones cívicas, el emprendedor acumula poder para su negocio diseñándolo de modo que atienda a intereses muy generales. Anita Roddick, por ejemplo, fundó The Body Shop para atraer tráfico adicional para todos los demás vendedores que se sitúen cerca de su tienda.

Si las admiradas virtudes sociales del emprendedor preservan lo que es crucial en una vida regida por una carrera además de añadirle innovación, un mundo de emprendedores tiene muchas de las virtudes de nuestras formas de vida actuales, al tiempo que además agrega cambios innovadores. Sin embargo, el espíritu emprendedor no es la vida wired, sino que su ubica en el otro extremo de una amplia gama de nuevas formas de trabajar. El trabajador de portafolio que promueve proyectos innovadores de mediano plazo como un emprendedor y también se une a proyectos temporales como trabajador wired nos presenta una nueva forma híbrida de vida laboral. Otra forma similar es el estilo de vida de quienes se emplean a sí mismos, en que los individuos eligen permanecer en gran medida independientes de las organizaciones y de los equipos de proyecto que contratan sus servicios. Este y otros híbridos entre el espíritu emprendedor y la vida wired pueden resultar estables durante largos períodos de tiempo. Pero no son totalmente independientes. Dependen hasta cierto grado de las prácticas y de los compromisos que en sí mismos, no requieren. Charles Handy, que ha hecho tanto como parece posible para extraer sentido de la vida de portafolios termina su libro convocando a que cada quien encuentre un propósito ulterior que haga que todo valga la penaxlii. El espíritu emprendedor incorpora ese propósito ulterior.

El nuevo mundo de emprendedores se asemeja a un mundo conformado de muchas pequeñas asociaciones entrelazadas conformadas por gente que actúa para resolver conflictos de valores. Estos grupos pueden entrelazarse dentro de una corporación específica, dentro de una comunidad o región, o a través de grupos de interés específicos. La diferencia entre los grupos de emprendedores entrelazados y los proyectos wired debe quedar clara. Los grupos de emprendedores continuarán trabajando para producir una resolución exitosa del conflicto de valores que los aqueja, siempre que puedan encontrar algún campo práctico - generalmente alguna práctica ignorada - para avanzar. Para una persona wired, un proyecto se agota tan pronto pierde ímpetu la inspiración que éste expresa. El emprendedor que asume responsabilidad por la resolución de la discordia en una declaración pública pone en juego su identidad. Eso exige un compromiso mucho mayor que atender a una inspiración, energía o talento. En muchos casos, el compromiso del emprendedor significará mantener viva la esperanza de su proyecto entre los muchos grupos de proyectos wired que han trabajado con él o con ella. Para una persona wired, el emprendedor claramente está restringido por la expresión de compromiso. Para el emprendedor, por el contrario, es el compromiso lo que le da sentido a la vida laboral.

Tomando en cuenta los dos distintos tipos de ideales de los que surgen las formas de comportamiento wired y emprendedora - la proyección de Nietzsche de una casta aristocrática y las asociaciones cívicas humanistas - no es coincidencia que la forma de productividad wired se adapte bien a la generación de riqueza atomística del neoliberalismo global, mientras que la del espíritu emprendedor se adapta a un entendimiento del progreso que incluye una mayor integración social. Las prácticas wired no promueven que se cultive el tipo de “nosotros” social por el que la gente hace sacrificios. Los bienes comunes como el medio ambiente, la ley, la educación, la salud y la perpetuación de logros culturales compartidos podrían florecer de modo intermitente en cuanto alguna u otra inspiración sea percibida como imprescindible. Pero promover los bienes comunes de una vida en comunidad depende de mucho más que la preocupación “posmaterialista” del wired por la libertad, la expresión de sí mismos y la calidad de vida. Depende de bienes más mundanos que dan sustento a la acción cuando la inspiración merma, este tipo de bienes dependen del cultivo a largo plazo del compromiso, la tolerancia, la confianza y la calidez cívica. Al interior de la vida wired, este tipo de bienes aparecen como bienes personales que un grupo casualmente comparte. El papel que juegan para dar sustento a una vida en común es rechazado o no se entiende.

El recuento del espíritu emprendedor que aquí ofrecemos difiere radicalmente de las visiones actuales de la Derecha neoliberal y la Izquierda estatista. En estas visiones caricaturizadas, el espíritu emprendedor denotaba una forma de vida estrechamente individualista motivada exclusivamente por el prospecto de ganancias monetarias. Ese recuento nunca podría distinguir entre un operador de fondos de cobertura que gana dinero sacando ventaja de las exageraciones en nuestras expectativas y un emprendedor que desarrolla un negocio que provee algo nuevo. Además, nuestra visión del espíritu emprendedor muestra cómo los bienes comunes tradicionales pueden verse fomentados y perfeccionados en una forma de vida emprendedora. Lo crucial es que identifica lo que con mayor frecuencia falta en las visiones politizadas: una preocupación por las comunidades y por el bienestar de otros como motivación central del espíritu emprendedor exitoso. Por supuesto, al igual que la interpretación de una vida wired que hemos presentado, nuestro recuento de la vida de emprendedores esboza un tipo ideal. Como lo hemos hecho notar, en la práctica hay muchas variaciones. No obstante, estamos seguros que nuestro recuento es más fiel a la experiencia común que los estereotipos empresariales acariciados por la Nueva Derecha y la Vieja Izquierda.

La vida wired, que atrae diariamente a un mayor número de gente, nos aleja de las vidas con continuidad las cuales está cimentada la solidaridad social. Al mismo tiempo, por todas las razones que hemos mencionado, no hay forma de regresar al mundo laboral en el que la carrera era central. En el nuevo mundo laboral derivado de las nuevas tecnologías, de la orientación al cliente y de la globalización, debemos aspirar al espíritu emprendedor como la única forma emergente de vida laboral capaz de renovar los valores comunitarios que alguna vez hallaron sustento en la institución de la carrera. Con nuestras instituciones financieras y educativas apoyando la forma de productividad emprendedora, las vidas en línea también pueden ser exitosas como forma de trabajar dentro de asociaciones emprendedoras. En un mundo que enfoca sus instituciones hacia el apoyo del trabajo emprendedor, los trabajadores wired, ya sea que lleven una multitud de proyectos uno tras otro o simultáneamente como lo hacen los “trabajadores de portafolio”, pueden terminar por adoptar un compromiso emprendedor y los emprendedores exitosos podrían retirarse hacia formas de productividad wired. De forma similar, quienes llevan el estilo de vida del empleo propio pueden convertirse en emprendedores exitosos. Pero estos patrones sólo emergerán si las políticas públicas promueven un estilo de trabajo emprendedor. Los cambios en las políticas que se enfocan únicamente a facilitar el trabajo wired o de portafolio no cultivarán lo suficiente la cultura necesaria para el éxito de los trabajadores wired y de portafolio y, para mucha gente, la forma de trabajo wired y de portafolio simplemente no hará posible una alternativa plena a las carreras. Como resultado, aunque sin duda son sumamente necesarias, las políticas diseñadas para promover el empleo propio y el trabajo de portafolio deben estar cimentadas en un marco más amplio que de impulso al espíritu emprendedor.

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