1.1. El proceso de integración europea

El proceso de integración europea responde al intento de superación del Estado soberano en cuanto organización política única que desde el Tratado de Westfalia hasta el final de la II Guerra Mundial no había conseguido encauzar pacíficamente las relaciones entre los pueblos de Europa.

La reflexión había comenzado incluso antes, con especial intensidad en el período de entreguerras con la proliferación de movimientos federalistas europeos que, si bien apenas tuvieron incidencia en la realidad internacional, sí proporcionaron las bases teóricas sobre las que surgirían los proyectos de organizaciones europeas cuando la coyuntura internacional se reveló adecuada.

Los instrumentos tradicionales a través de los cuales los Estados encauzan sus relaciones internacionales se habían manifestado insuficientes e ineficaces, pues partían del principio del respeto total de la soberanía de los Estados.

La terrible situación europea posterior a la II Guerra Mundial exigía nuevas soluciones que pasaban por la creación de organizaciones internacionales que asumieran cesiones de soberanía de los Estados miembros.

Las organizaciones internacionales tradicionales reflejan en la especialización de sus fines y de sus estructuras internas que fueron concebidas para facilitar tanto la resolución colectiva de conflictos como la cooperación entre los Gobiernos nacionales, con lo que contribuían a sostener y mantener, en lugar de trascender, el preexistente sistema de Estados.