1.2. La fundación de las comunidades europeas

El 9 de mayo de 1950, en el Salón de l'Horloge del Ministerio de Asuntos Exteriores del quai d' Orsay de París, Robert Schuman, titular de dicho Ministerio, realizó una declaración que ha pasado a la Historia con su nombre y en virtud de la cual proponía a la República Federal Alemana "la puesta en común de sus producciones de carbón y acero y la institución de una nueva Alta Autoridad, cuyas decisiones vincularán a Francia, Alemania y los países que se adhieran a la misma", con el fin de establecer "los primeros cimientos concretos de una Federación Europea indispensable para la preservación de la paz".

Finalizada la II Guerra Mundial y una vez desaparecido el enemigo común que llevó a la artificial alianza de las potencias occidentales con la Unión Soviética, la defensa de Europa Occidental frente a la abrumadora superioridad de unidades convencionales de la Europa Oriental residía, básicamente, en el paraguas nuclear norteamericano.

Esa disuasión tenía fecha de caducidad, pues la Unión Soviética experimento con éxito su primer artefacto nuclear en 1949.

El protagonismo volvía así al armamento convencional y las divisiones norteamericanas resultaban imprescindibles en una Europa donde la ocupada República Federal Alemana carecía de ejército.

Apenas mes y medio después de la Declaración Schuman, el 25 de junio de 1950, Corea del Norte, con el apoyo soviético, invadía Corea del Sur, desplazando la lucha contra el comunismo a aquella zona del planeta y aumentando los temores de una invasión de la República Federal Alemana.

El fracaso de la Comunidad Europea de Defensa ciertamente desanimó a los más federalistas, replanteando la estrategia del proceso nuevamente a sectores específicos.