1.3. El desarrollo de las comunidades europeas

La creación de las tres Comunidades fue considerada por los federalistas como el inicio de una nueva era que conduciría a la ansiada unidad política.

Sin embargo, cuando las Instituciones empezaron a funcionar resultó evidente que los Tratados no respondían a tales expectativas. Paradigmático resulta el caso del primer Presidente de la Comisión de la CEE, Walter Hallstein.

Ferviente federalista y admirador de Monnet, al tomar posesión de su cargo se percató de las escasas competencias que los Tratados conferían a la Comisión, no obstante lo cual se entregó a un activismo político que desbordaba los estrechos límites que los Estados habían establecido para esa Institución, atrayéndose en última instancia su ira.

Ciertamente, el Tratado de la CEE, fuera de las concretas previsiones generales sobre intenciones y objetivos a alcanzar que, en la creencia de Hallstein, debían ser concretados por la Comisión, a la que caracterizó con la feliz expresión de "guardiana de los Tratados", en un sentido igualmente positivo.