1.4. Transformación y constitucionalización del proceso de integración europea

En la concepción de la Comisión y de los neo-funcionalistas, la dinámica del mercado único europeo debía llevar al necesario corolario de una Unión Económica y Monetaria auspiciada ya en la década de los setenta.

Sin embargo, la caída del muro de Berlín en 1989, la recuperación democrática posterior de los países de la Europa Central y Oriental y la reunificación alemana en 1991 dibujaron un escenario político y económico completamente diferente que obligaba a ampliar el ámbito espacial y material del proceso de integración europea.

La respuesta la dio el Tratado de la Unión Europea, negociado en el Consejo Europeo de diciembre de 1991, firmado en Maastrich en febrero de 1992 y que, tras un tortuoso proceso de ratificación, entró finalmente en vigor en noviembre de 1993.

La organización del propio Tratado de la Unión Europea ilustra convenientemente la mutación estructural del proceso de integración.