3.5. La Comisión

Desde el establecimiento originario del sistema institucional de las Comunidades Europeas, la Comisión ha sido concebida como la Institución eminentemente ejecutiva. No obstante lo cual, la indefinición de los diferentes Poderes en el sistema institucional ha hecho que la propia función ejecutiva que supuestamente aquella estaba llamada a desempeñar haya evolucionado decisivamente a lo largo del proceso de construcción europea.

Así, no es hasta el Acta Única Europea que la Comisión ve "constitucionalizada" en el Tratado su posición ejecutiva preeminente con respecto al Consejo.

Y es esa privilegiada responsabilidad ejecutiva la que justifica la estructura y competencias de la Comisión, incluso las consideradas "competencias legislativas" en virtud de las cuales ostenta el monopolio general de iniciativa legislativa.

En efecto, la Comisión Europea es la Institución diseñada para asumir en la estructura político-administrativa europea la función ejecutiva.

Todas las funciones que se le asignan explícitamente en los Tratados así lo demuestran, tanto su actividad de supervisión del cumplimiento del Derecho europeo como de motor de la integración.

Desde este punto de vista, incluso la previsión de que "los actos legislativos de la Unión sólo podrán adoptarse a propuesta de la Comisión", considerada tradicionalmente expresión de su participación peculiar en la función legislativa no hace sino reflejar su condición de ejecutivo europeo, ejemplo de la preponderancia que en la fase de iniciativa legislativa han adquirido los Ejecutivos en los sistemas constitucionales europeos.