18.5. La función del proceso

El proceso está arbitrado para la solución definitiva e irrevocable, a través de la aplicación del derecho objetivo, de los conflictos intersubjetivos y sociales que en él se planteen.

Esta es la función genérica del proceso. Pero, atendiendo a su relación con el objeto procesal, puede destacarse otra más específica: la de la satisfacción de las pretensiones y resistencia.

La satisfacción procesal ha de ser jurídica, razonada, eventualmente completa, estable y práctica.

La primera nota que diferencia la satisfacción procesal es la de estar fundada en el derecho objetivo.

La satisfacción procesal que ha de otorgar la sentencia se caracteriza por estar fundada en Derecho. Las sentencias (art. 248.3 LOPJ) contendrán una declaración de hechos probados, los fundamentos de derecho y el fallo.

Pero la aplicación del Derecho no puede efectuarse de una manera arbitraria. En el actual Estado de Derecho no sólo hay que cumplir con el deber de motivación, sino que también le está vedado al juez seleccionar caprichosamente la norma aplicable. La satisfacción jurídica ha de ser razonada y razonable. Para garantizar este requisito existen los medios de impugnación y, en última instancia, el recurso de amparo por infracción del derecho a la tutela.