14.3. El ejército y su organización

El ejército no era otra cosa que el pueblo en armas. Bajo la advocación de sus dioses entra en campaña, y en nombre de ellos se mantiene la disciplina o se castigan los delitos militares. El rey aparece como caudillo de unos súbditos que en potencia son soldados, mientras las relaciones privadas de acompañamiento y séquito entre el monarca y los hombres libres armados fortalecen el clima guerrero de la vida pública.

El ejército visigodo se basaba en la obligación y el derecho a servir en el ejército de todos los hombres con capacidad de llevar armas, es decir, existió una limitación de edad establecida entre los 20 y los 50 años para distinguir entre un ejército permanente, formado por la clase militar y otro para casos de necesidad, que se nutría en virtud del llamamiento realizado ocasionalmente. En este último no era el rey el que convocaba levas a través de unos agentes (compulsores exercitus), que reclutaban soldados por todo el reino.

A este llamamiento debían responder todos los hombres libres y señores, yendo estos últimos acompañado por sus siervos. Pero la práctica habitual fue que se incumpliese el llamamiento, y dada la cantidad de revueltas internas que se produjeron, y los ataques desde el exterior, Wamba promulgó una ley militar en el 673 en la que se ordenaba la movilización de todos los súbditos en un territorio de 100 millas a la redonda de la zona que en se presentase una situación excepcional de peligro, bajo pena de destierro (para obispos y sacerdotes), entrega en servidumbre y confiscación de bienes (para seglares) o destierro y pérdida del patrimonio, puesto que el incumplidor debía reparar los daños producidos por los enemigos. Dado que una de las penas que se imponía era la pérdida del derecho a prestar testimonio, se constató poco tiempo después que más de la mitad de la población no podía testificar en los tribunales con el consiguiente deterioro de la administración de justicia. Esto hizo que la ley de Wamba fuese modificada por Ervigio limitando el número de siervos que debía llevar el señor, e incluyendo a los siervos fiacales en la obligación de acudir a la llamada a las armas.

Como tipos de soldados las fuentes mencionan a fideles, gardingos, etc. que acompañaban a los grandes señores a la guerra, sustituyéndose en muchas ocasiones el deber de acudir a la llamada. Existían los bucelarii (hombres libres que luchaban al lado de un señor) y los sayones (que pasaban a ser propietarios de las armas que les proporcionaba el señor pero no del botín de guerra). La presencia de soldados privados se debió fundamentalmente a la obligación de los señores de llevar a sus hombres y esclavos a luchar.

Se discute la participación de soldados hispanorromanos en el ejército visigodo.

Entre ambas posturas (afirmándose y negándose) hay autores (Sánchez Albornoz) que indican que al principio no participaron, pero que, poco a poco, se fueron incorporando.

La organización militar se basaba en una estructura jerarquizada entre duces, comites, thiufadus acorde con las divisiones del ejército que eran realizados en base a múltiplos de 10, de forma que el decanus era el responsable de una docena de hombres, si bien se cree que con el tiempo formaron unidades territoriales. De entre estas figuras destacan el thiufadus que podían reunir en su persona las condiciones de jefe militar, recaudador y juez.