17.2. La repoblación y sus consecuencias

La Reconquista se realiza mediante la repoblación de los territorios recuperados al Islam.

Desde el núcleo occidental la repoblación en su conjunto se realizó en dos etapas diferentes. La primera etapa se desarrolla con la repoblación de la parte septentrional, principalmente los valles del Duero y del Ebro. El valle del Duero, en la meseta castellana, era una “tierra de nadie” devastada y poco poblada. El valle del Ebro estaba, por el contrario, bien poblado y cultivado. Ambas zonas se repoblaron con gentes del norte, mozárabes procedentes del sur y oeste, y francos atraídos a Navarra, Aragón y La Rioja. Esta etapa se prolongó hasta el siglo XIII e implicó el desplazamiento del régimen jurídico de los grupos que se trasladaron, así como la creación de nuevas formas jurídicas e instituciones.

En los siglos bajomedievales, la repoblación se dirigió al valle del Tajo, el Bajo Ebro, el sur y el levante. Con una población asentada, estos territorios pasaron a manos cristianas sin previa destrucción, estableciéndose pactos con los derrotados para conservar a los cultivadores. Aquí predomina la población mudéjar, con menores consecuencias de orden jurídico.

La repoblación fue consecuencia de la actividad expansiva de los núcleos de resistencia y más delante de las conquistas a gran escala de los reinos cristianos. Aquí, la monarquía astur realizó un papel de vanguardia. El estudio puede ser abordado bien sobre la base de distinguir las diversas áreas geográficas, para analizar por separado cada una de ellas, o bien clasificando en el tiempo los distintos tipos de repoblación.

A pesar de todo, es posible destacar unos rasgos generales de la repoblación. Se sitúa en la mitad del siglo XI la vertiente divisoria entre una primitiva repoblación de zonas yermas, y otra posterior de tierras ricas y ciudades reconquistadas. Estas dos etapas se corresponden geográficamente con la repoblación al norte y sur de la Meseta, siendo la conquista de Toledo (1085) su más significado hito diferenciador. En la primera hay que distinguir la repoblación de carácter oficial, es decir, la dirigida por los reyes y condes, de aquella otra estrictamente particular y privada. En la segunda destaca la repoblación concejil y la llevada a cabo por las Ordenes militares.