33.3. La unificación jurídica y religiosa

La unión de las Coronas de Castilla y Aragón habían dejado a salvo la peculiar organización política y jurídica de los diversos territorios. Los monarcas no se titularán reyes de España, sino reyes de los dominios que forman parte de ambas Coronas.

Entre XVI y XVII se desvanece la entidad política de las Coronas y cobra en cambio relieve la de los reinos. De otro, el rey gobierna en esos reinos y señoríos con distinto título jurídico.

Semejante fragmentación y pluralismo fueron vistos por los artífices del Estado absoluto como una grave rémora que convenía eliminar.

En XVIII el enfrentamiento entre la Corona de Aragón y Felipe V se saldó con la victoria de éste, con la que el monarca suprimió la organización política de aquella y la reemplazó por la castellana mediante una serie de disposiciones: los Decretos de Nueva Planta. El monarca dicta su primer decreto en 1707 que explica, por la rebelión de sus súbditos, la abolición de los fueros y la consiguiente introducción del derecho castellano. El derecho valenciano, público y privado, fue definitivamente derogado. En Aragón, sin embargo, las cosas no fueron tan radicales y el reino salió mejor parado de tan rigurosa disposición.

No cesaron de dictarse decretos, entre ellos, el de 1716 destinado a Cataluña donde se respetaba, al igual que en Aragón, la vigencia del derecho probado catalán. Será entonces que la lengua surja como tema conflictivo: se restringe el uso del catalán.

Dicho decreto, sólo sancionó que las causas ante la Audiencia se sustanciaran exclusivamente en castellano.

Una real orden de 1782 permitió en Mallorca el mantenimiento de su antiguo derecho e instituciones. En 1717 se dicta otro decreto para Cerdeña que reproduce el modelo catalán.