34.1. La economía mercantilista de los siglos XVI y XVII

El proceso de formación de los Estados occidentales coincidió en Europa con el triunfo de una concepción económica de carácter autárquico, el mercantilismo, que partiendo del débil desarrollo del crédito y de la carencia de un sistema bancario, trató de lograr la prosperidad en función del intervencionismo, del papel principal de la moneda en metálico, y sobre todo de la acumulación de reservas de metales preciosos.

La política mercantilista de los Reyes Católicos estuvo determinada por cuatro medidas. En primer lugar, por el monopolio del oro y la plata, controlando la extracción de las minas y los puertos de embarque y desembarque. En segundo lugar, por la protección de la ganadería lanar como fuente de riqueza. De otra parte, por el fomento de la industria textil, consolidando las estructuras gremiales y prohibiendo la importación de determinados tejidos. Finalmente, por el estímulo del comercio, tanto del interior, con la mejora de la red de comunicaciones, como del exterior, a través de las leyes de navegación que prohibían embarcar mercancías en naves extranjeras mientras hubiera españolas disponibles.

Durante el reinado de Felipe II una serie de teóricos de la Escuela de Salamanca reflexionaron acerca del proceso de declive económico de la época. Entre ellos, Ortiz propugnó la retención de las materias primas, que no debían ser exportadas, con lo que se lograría el fomento de la industria nacional, asegurada a su vez con una correlativa restricción de las importaciones. Defendió asimismo la potenciación de la agricultura, la revalorización social del trabajo manual y la retención de los metales preciosos. Por otra parte, Azpilcueta formuló la “teoría cuantitivista” de la moneda, explicando la relación entre el encarecimiento de los precios y la abundancia de la moneda en mercado.

Entre un sinfín de opúsculos, memoriales y panfletos, donde muchos aventuraban “soluciones” a la crisis nacional, incidieron en problemas muy concretos. Otro teórico se preocupó por el desajuste de los gastos e inversiones, y otros insistieron en la conveniencia de prohibir la exportación de materias primas y la importación de productos manufacturados.