36.2. Las recopilaciones en los restantes territorios

Durante la Edad Moderna se procede en Álava a recopilar las ordenanzas y textos relativos a la Hermandad de ciudades y villas. A fines del siglo XV los Reyes Católicos intentaron formar una recopilación de los fueros y cuadernos de la Hermandad de Guipúzcoa. Tras un primer intento, el proyecto se vería acabado en la segunda mitad del siglo XVI, llamándose Libro Viejo de Guipúzcoa. Finalmente, en 1697 aparece la Nueva Recopilación de los fueros, privilegios, buenos usos [...] de Guipúzcoa, que contiene los preceptos reguladores de la Hermandad y algunas otros relativos a temas económicos y a derecho procesal y penal. En 1758 fue completada con un Suplemento. En el fuero se establecía que habrían de aplicarse en primer lugar las propias leyes y subsidiariamente las de Castilla.

Las recopilaciones aragonesas se iniciaron en 1476 con la edición conjunta de las dos grandes fuentes de fueros y observancias. La compilación se reedita hasta que en 1547 las Cortes de Monzón consideraron insatisfactoria esa obra, conocida como volumen viejo, y ordenaron elaborar un texto sistemático. Un lustro más tarde aparecen los Fueron y Observancias del reino de Aragón, catalogadas en tres cuerpos distintos.

En Navarra las recopilaciones o bien son hechas a instancia de las Cortes, o surgen de otra forma e incluyen disposiciones del rey. En 1528 las Cortes de Pamplona propusieron reunir o reducir en un solo volumen el derecho local y territorial del reino.

Redactaron así el Fuero Reducido, que sirve hoy para interpretar el Fuero General, cuyo lenguaje moderniza.

En el siglo XVII se forman en Navarra cuatro compilaciones, que no logran carácter oficial y una quinta que sí lo obtiene. Más tarde, en 1726, las Cortes navarras aprobarían la Novísima Recopilación, dividida en cinco libros y con casi dos mil leyes.