40.1. La Administración de Justicia

La estructura judicial de la España moderna aparece integrada por los jueces inferiores, cuya figura más destacada es el corregidor; por los dos tribunales de Chancillerías y Audiencias y por aquellos Consejos que tienen atribuido ese tipo de funciones.

Con la consolidación del corregidor castellano, éste se convierte en juez único de su distrito, tanto en lo civil como en lo penal. Imparte justicia por sí mismo y es juez de apelación en territorios como Vizcaya o Guipúzcoa. De sus sentencias en causas civiles se podía recurrir en ciertos casos a los regidores municipales. En lo criminal quedan fuera de su competencia los casos de corte. En los territorios de la Corona de Aragón sigue la administración de justicia a cargo del veguer real o del bayle local.

Al extenderse en el siglo XVIII el régimen de corregidores a la Corona de Aragón, desparecen sus antiguos jueces. Los corregidores quedan subordinados a ellos o desaparecen en las capitales de circunscripción.

Al iniciarse el siglo XVI existen en Castilla las dos Chancillerías y Audiencias de Valladolid y Granada. Compuestas una y otra de oidores y alcaldes del crimen, para lo civil y penal, fueron fundamentalmente tribunales de apelación, aunque también podían entender en primera instancia de los casos de corte. Los Reyes Católicos habían emprendido una política de este simple esquema. Nombraron así en Galicia a un gobernador y tres alcaldes mayores. La Audiencia de Galicia es la primera de un sistema calificado por García-Gallo de Audiencias regionales. En él hay que incluir a las Audiencias de Sevilla y Canarias.

La Audiencia de Galicia nace por una pragmática en 1479, en virtud de la cual el gobernador y los alcaldes deben recorrer el reino para ejercer justicia, tener audiencia todos los días no festivos y visitar las cárceles. Durante el reinado de Felipe II el tribunal sufrió importantes reajustes. Fue trasladada la sede de Santiago a A Coruña y en 1566 un regente sustituyó al gobernador. Dos décadas después reaparece el gobernador-capitán general como cabeza política del organismo, aunque el regente mantenga su competencia en las escritas cuestiones judiciales. A principios del siglo XVIII el capitán general ostenta el título de presidente de la Audiencia.