42.2. De la consolidación liberal a la Revolución

Si María Cristina había conducido el país en alianza con los moderados, Espartero intentó hacerlo apoyándose en los progresistas. Tuvo así enfrente a un gran sector del ejército, a los propios moderados, a la burguesía catalana. Cuando el general perdió el respaldo de su propio partido, la conjunción de todos le hizo caer. Narváez liquida el llamado cesamiento liberal de Espartero el mismo año 1843 en que Isabel II, entonces mayor de edad, inicia efectivamente su reinado.

Cuando en 1844 Narváez disuelve las Cortes y convoca elecciones, su triunfo fue tan rotundo que sólo salió elegido un diputado liberal. No era fácil ofrecer una alternativa de gobierno homogénea y sólida. Las peripecias políticas habían llegado en cualquier caso a cansar el país. No faltaron desde luego resistencias marginales, como las de los carlistas.

Las síntesis moderada tuvo tres claves principales, dos de ellas consumadas y una tercera inconclusa. La primera fue el propio ordenamiento constitucional: la Constitución de 1845. La segunda, relativa a las problemáticas con Roma, se resolvió en el Concordato de 1851. La tercera fue la posibilidad, frustrada, de cerrar el pleito dinástico mediante el matrimonio de la reina con el conde de Montemolín, primogénito del pretendiente Don Carlos.

El régimen de Narváez construyó, mediante numerosas reformas, el andamiaje centralista del Estado contemporáneo, basado constitucionalmente en la coexistencia de los dos grandes partidos, moderado y progresista. El partido gobernante resultaría minado por las discordias; el centralismo moderado se disolvió.