43.1. Estructura económica

Destacan tres etapas: la primera, hasta 1837, deudora de la situación y problemas del Antiguo Régimen que condujeron a la llamada revolución agraria; la segunda, de 1837 a 1860, cuando destaca una expansión de los terrenos de cultivo; y una tercera, en las últimas cuatro décadas, con un período de reajuste de signo inverso, con mayores índices de productividad y cierta disminución de las superficies cultivadas.

Si se tiene en cuenta la importancia de la agricultura en la vida económica del país, es muy comprensible la afirmación de que la revolución agraria fue requisito y punto de partida de a Revolución industrial, que caracterizó el siglo XIX a Europa. Los excedentes agrarios facilitaron el sostenimiento de núcleos urbanos y su ulterior industrialización, al procurar un flujo emigratorio del campo a la ciudad, con lo que el agro genera el proletariado que acude a las fábricas, y al constituirse como mercado de los propios productos que la industria elabora.

La agricultura heredada del Antiguo Régimen arrastra, de un lado, la prohibición de cerrar las heredades, de otro, la prohibición de roturar baldíos y montes. Finalmente, se sustraen tierras al cultivo en beneficio de la ganadería. La expansión agrícola fue asegurada por la abolición de tasas y la libre circulación de los productos del campo, y sobre todo por la política de abolición de señoríos.

Tras la crisis de subsistencia provocada por la Guerra de la Independencia, las leyes de 1820 y 1834 establecieron un sistema proteccionista prohibiendo la importación de trigo extranjero. Salvo algunos años en los que las buenas cosechas permitieron la exportación de excedentes, el nivel medio se limitó a satisfacer el consumo nacional, por lo que en algunos años incluso fue necesaria la exportación de trigo.

El viñedo sí progresó. El auge vitivinícola español de la segunda mitad del XIX, se benefició indirectamente de la plaga de la filoxera. Que causó la ruina de los viñedos franceses.