44.3. Los Partidos políticos

La crisis de 1808 dividió a las minorías políticas y la sociedad española, en dos bloques de ideología antagónica. De un lado, los absolutistas seguían aferrados al Antiguo Régimen, defensores del poder absoluto del monarca y de la sociedad estamental. De otro los liberales, favorables a los principios de la soberanía nacional y de la división de poderes.

En los años del Trienio se produce una honda escisión en el seno de los liberales, distinguiéndose entonces entre los doceañistas, o defensores moderados de la Constitución de Cádiz y los radicales o exaltados que propugnan un programa revolucionario, destacando así la bipartición liberal.

Tras el Estatuto Real y los sucesos de La Granja, el liberalismo español cristalizó en dos grandes sectores, moderado y progresista. Los primeros eran afines al liberalismo doctrinario y defendían que la soberanía residía tanto en la Corona como en las Cortes.

Los progresistas defendían un modelo radical, donde las Cortes asumían en exclusiva la soberanía nacional y donde se negaba a la Corona el poder moderador.

Desde la crisis de 1848 se llamó Partido Moderado al sector político “monárquico-constitucional” y "conservador", que enlazaba con los doceañistas del trienio constitucional.

En él cabe distinguir una corriente de centrismo rígido y dos alas diferenciadas: la llamada "fracción Viluma", proclive a un entendimiento con los carlistas y los puritanos que propugnan eso mismo con los progresistas.