45.2. El Derecho Penal

Las grandes líneas orientadoras de la codificación penal proceden de la Ilustración europea. El humanitarismo propugnaba a su vez un atemperamiento y corrección de excesos de cualquier tipo: los referidos al rigor de las penas (torturas), la vida en los establecimientos penitenciarios, etc.

La aportación principal de Montesquieu, uno de los impulsores de la revisión ideológica, consiste en reclamar unas leyes penales que garanticen la seguridad; unos tribunales independientes que, en conformidad con la división de poderes, aseguren la libertad del ciudadano; y un sistema de proporcionalidad de penas para llevar a la práctica la equidad y la justicia.

Las aportaciones de Beccaria no son menos importantes: las leyes deben fijar las penas y éstas no pueden quedar al arbitrio y voluntad del juez; debe haber una proporción entre delitos y penas; el fin de las penas no es atormentar sino impedir que el reo cause nuevos daños; un hombre no es reo antes de la sentencia del juez; la pena de muerte no es un derecho de la sociedad, además no es útil ni necesaria.

En 1820 fue constituida la comisión encargada de la redacción del Código Penal, que vería la luz en 1822. Dicho código consta de un título preliminar sobre cuestiones generales, y dos partes, dedicada la primera a los delitos contra la sociedad y la segunda a los delitos contra particulares. Fuentes inspiradores del Código fueron los textos nacionales, los tratadistas y los códigos extranjeros. La obra recibirá severas críticas.

En 1823 la obra fue liquidada, restableciéndose el sistema jurídico del Antiguo Régimen.